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El cuerpo como un campo de batalla

Susan Sontag, una de las intelectuales más importantes del siglo XX, expuso hace 40 años cómo las maneras en que nos referimos al cáncer, el sida, la sífilis, la lepra y la tuberculosis repercuten en la conciencia colectiva de la sociedad occidental, ya sea al estigmatizar a los pacientes u orientando políticas de salud pública. Con una gran lucidez, su detonador ensayo muestra que las palabras pueden herir e incluso matar.

Hace exactamente 40 años, Susan Sontag publicó un ensayo brillante. Su aparición se sintió en el ambiente médico como un terremoto a tal punto que hasta el día de hoy se perciben sus réplicas.

Ya desde el primer párrafo, una de las más brillantes intelectuales estadounidenses del siglo XX atinaba un golpe: “La enfermedad es el lado nocturno de la vida, una ciudadanía más cara. A todos, al nacer, nos otorgan una doble ciudadanía, la del reino de los sanos y la del reino de los enfermos. Y aunque preferimos usar el pasaporte bueno, tarde o temprano cada uno de nosotros se ve obligado a identificarse, al menos por un tiempo, como ciudadano de aquel otro lugar”.

La escritora vivió este proceso en primera persona. En los setenta le fue diagnosticado un cáncer y la mejor manera que encontró para exorcizar las penurias por las que atravesó durante el tratamiento fue escribir.

“A todos, al nacer, nos otorgan una doble ciudadanía, la del reino de los sanos y la del reino de los enfermos”

Como documentó en La enfermedad y sus metáforas (que, un tiempo después, se expandiría para abarcar al sida), una persona no solo padece los efectos físicos provocados por infecciones de bacterias y virus o por la división incontrolable, anárquica y traicionera de las células del propio cuerpo. También debe lidiar con las representaciones sociales que penden sobre, por ejemplo, el cáncer, la tuberculosis y el sida, y la constelación de metáforas que las rodean.

Hasta 1882, por ejemplo, cuando se descubrió que la tuberculosis era una infección bacteriana, se consideró que los síntomas no constituían meramente una enfermedad sino una etapa del ser, un misterio de la naturaleza: se la vio como una enfermedad del amor, que provenía de un exceso de pasión, una enfermedad de artistas, como se ve en La montaña mágica de Thomas Mann.

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Invasión, defensas, guerra

“Cuando se habla de cáncer, las metáforas maestras no provienen de la economía sino del vocabulario de la guerra –afirmó en este libro personal e iluminador–. Las células cancerosas no se multiplican y basta: ‘invaden’”. También “colonizan” zonas remotas del cuerpo. Se habla de las “defensas” del organismo y de la radioterapia que “bombardea” al paciente, cuyo cuerpo es visto como un campo de batalla. Y quizás la más fuerte: se trata de librar una “guerra contra el cáncer”.

 “Cuando se habla de cáncer, las metáforas maestras no provienen de la economía sino del vocabulario de la guerra”

En el caso del sida, se describió a la enfermedad como “castigo de Dios”, “consecuencia de la decadencia moral” y “venganza de la naturaleza”, afirmaciones cargadas de odio que promovieron el miedo y la histeria colectiva.

Como dice el crítico literario George Steiner, no es posible pensar sin metáforas. El tema, según Sontag, es divisar estas trampas retóricas, ponerlas en evidencia, criticarlas, castigarlas, desgastarlas en especial teniendo en cuenta que las metáforas militares contribuyen a estigmatizar ciertas enfermedades y, por ende, a quienes están enfermos.

Como las balas, las palabras hieren, perturban, infunden miedo, cohíben a que muchas personas salgan a buscar tratamiento. “Me convencí –concluyó la autora, que murió en 2004– de que las metáforas y los mitos también matan”.

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