El caso ilustra el impacto del sesgo cognitivo en el diagnóstico clínico y la importancia de investigar activamente la etiología del linfedema de aparición tardía.

Un hombre de 66 años con antecedentes de diabetes mellitus tipo 2, hipertensión y obesidad, quien consultó reiteradamente durante siete años por linfedema bilateral de extremidades inferiores, catalogado erróneamente como idiopático y complicado con episodios recurrentes de celulitis.
El paciente consultó al servicio de urgencias por aumento progresivo del dolor y edema en ambas extremidades inferiores, con descarga maloliente.
Al examen físico destacaban cambios dermatológicos extensos y bilaterales: eritema marcado, papilomatosis y lesiones exofíticas fibromatosas que formaban placas engrosadas en ambas piernas, extendiéndose desde debajo de las rodillas hasta el dorso de los pies.
El eritema presentaba una línea de demarcación nítida en la cara izquierda del muslo. El abdomen se encontraba distendido y duro, sin signos peritoneales. Los exámenes de laboratorio mostraron leucocitosis con neutrofilia y proteína C reactiva elevada a 186 mg/L, compatibles con un proceso infeccioso activo.
La ecografía Doppler descartó trombosis venosa profunda. Se inició cobertura antibiótica empírica con buenos resultados, confirmándose posteriormente el crecimiento de estreptococo del Grupo G sensible a penicilina.
Dado que el paciente refería además molestias en la región lumbar y abdominal baja, se amplió el estudio con una tomografía computarizada de tórax, abdomen y pelvis con contraste.
Esta reveló adenopatías hiliares derechas, retroperitoneales, ilíacas externas bilaterales e inguinales izquierdas, junto con una lesión ósea destructiva en T9 con compromiso de tejidos blandos y estrechamiento del canal espinal, y una lesión metastásica en T4, sin tumor primario identificable.
La resonancia magnética de columna completa y cerebro evidenció múltiples lesiones líticas vertebrales desde C2 hasta L4, con expansión del cuerpo vertebral en T9 que aplanaba el saco tecal, aunque sin compresión medular franca.
El examen neurológico fue normal. Ante estos hallazgos, el cáncer de próstata encabezó los diagnósticos diferenciales, reforzado por el hallazgo de un PSA de 130 µg/L y la presencia de síntomas del tracto urinario inferior que el paciente había omitido mencionar hasta ese momento: vacilación urinaria, goteo postmiccional y nocturia.
La resonancia magnética multiparamétrica de próstata identificó una lesión PI-RADS 5 en el ápice prostático con sospecha de ruptura capsular, adenopatías ilíacas externas bilaterales de hasta 3,6 cm y una próstata de 77 ml con densidad de PSA de 1,6. La gammagrafía ósea confirmó metástasis esqueléticas múltiples en húmero, escápula, costillas, columna torácica y lumbar, pelvis y fémur proximal.
El caso del paciente expone con claridad el fenómeno del sesgo de disponibilidad y su influencia en el impulso diagnóstico.
El linfedema fue etiquetado precozmente como idiopático, y una vez que surgieron las complicaciones infecciosas, la atención clínica se concentró en el manejo de la celulitis recurrente sin revisar la causa de fondo. Los síntomas urinarios, presentes desde antes, no fueron explorados por parecer irrelevantes en ese contexto.
Las presiones asistenciales en atención primaria, como la restricción temporal de las consultas y el volumen de pacientes, contribuyeron a perpetuar este patrón. Este caso subraya de acuerdo a Deen M. Khalil et al., que el linfedema de instauración tardía, sin antecedentes familiares ni causas evidentes, debe motivar siempre la búsqueda activa de una etiología secundaria, particularmente maligna.
Debido al estadio avanzado de la enfermedad y a limitaciones técnicas que imposibilitaron la biopsia de próstata y del ganglio linfático, el comité multidisciplinario decidió iniciar tratamiento hormonal neoadyuvante con relugolix en agosto de 2025.
El paciente discontinuó el tratamiento en noviembre de 2025 por efectos adversos y malestar emocional asociado a la carga de la enfermedad, siendo dado de alta del seguimiento urológico en enero de 2026 sin tratamiento activo.
Este caso documenta el linfedema bilateral de extremidades inferiores como manifestación inicial de un cáncer de próstata metastásico no diagnosticado durante siete años. La obstrucción linfática secundaria a adenopatías pélvicas representa el mecanismo más plausible, aunque la infiltración linfangítica no puede descartarse completamente en ausencia de biopsias cutáneas e imágenes linfáticas dedicadas.