Especialista explica cómo identificar los estadios de la enfermedad, los riesgos del sobreuso de medicamentos y las nuevas terapias que están transformando el manejo de esta condición neurológica.

La migraña es una condición neurológica que puede evolucionar con el tiempo, aunque muchas personas la perciben como episodios ocasionales, los especialistas advierten que su frecuencia y características permiten clasificarla en distintos estadios, lo que resulta clave para definir el tratamiento y prevenir su progresión.
La revista Medicina y Salud Pública conversó con la Dra. Franchesca Fiorito, Neuróloga con Subespecialidad en Dolores de Cabeza, para abordar uno de los trastornos neurológicos más frecuentes y subestimados: la migraña.
Más allá del popular "me dio una migraña", la experta subraya que se trata de una condición crónica con estadios definidos, tratamientos específicos y factores de riesgo que los pacientes pueden aprender a manejar.
Lo primero que la especialista aclara es terminológico. "Migraña es una condición", explica, y precisa que lo que popularmente se llama "una migraña" es en realidad un ataque dentro de esa condición de base. La clasificación entre migraña episódica y crónica depende de la frecuencia:
"Una persona que padece de migraña episódica es una persona que le da menos de 15 días de dolor de cabeza al mes", mientras que quien alcanza 15 o más días mensuales, con al menos la mitad cumpliendo criterios de migraña, se encuentra en un estado crónico.
Este umbral tiene implicaciones directas en el tratamiento. "Si más de la mitad del tiempo mi cabecita no se siente bien en los últimos tres meses, pues estoy en un estado crónico y para eso el tratamiento es muy importante", señala.
La especialista advierte que un paciente puede fluctuar entre ambos estadios a lo largo de su vida, y que varios factores modificables empujan hacia la cronificación. El más relevante, según su experiencia clínica, es el manejo inadecuado de los medicamentos.
"Si un paciente está utilizando medicamentos incorrectos o sobreutilizando analgésicos, puede empezar a tener un aumento en esos dolores de cabeza", explica. A esto se suman el exceso de peso, los trastornos del sueño, la apnea, los problemas de la mandíbula y un estilo de vida sedentario.
Hay factores que escapan al control del paciente —como el sexo femenino o la edad—, pero la especialista insiste en que precisamente por eso el tratamiento cobra mayor importancia.
Uno de los puntos más enfáticos de la entrevista es el llamado medication overuse o sobreuso de medicamentos. La experta lo define como una situación en la que "una persona que ya está predispuesta a episodios de migraña está sobreutilizando ciertos analgésicos y eso está provocando un empeoramiento en su condición", generando lo que se conoce como un medication overuse headache.
El umbral crítico es relativamente bajo: usar ibuprofeno, acetaminofén, naproxeno u otros analgésicos simples más de 15 días al mes puede desencadenar este efecto.
En el caso de medicamentos que contienen butalbital, como Fioricet o Tencon, el riesgo aparece con apenas cuatro días de uso mensual durante varios meses consecutivos.
"Si los uso más de cuatro días al mes, por varios meses consecutivos, me puede causar un efecto rebote o el sobreuso de medicamento y cronificación de la migraña", advierte.
La especialista distingue con claridad dos grandes grupos terapéuticos. El tratamiento agudo actúa sobre el ataque en curso y debe ser no solo eficaz sino también bien tolerado:
"No importa donde yo esté, yo pueda utilizar ese tratamiento para la progresión de ese ataque y continuar con mis actividades sin interrupción." Dentro de este grupo diferencia los no específicos —como el ibuprofeno— de los específicos, que actúan directamente sobre los mecanismos de la migraña bloqueando receptores y péptidos involucrados en el proceso.
El tratamiento preventivo, por su parte, busca reducir la frecuencia, severidad y duración de los episodios futuros, y también mejorar la respuesta al tratamiento agudo. Las guías del American Headache Society recomiendan iniciarlo cuando el paciente presenta cuatro o más exacerbaciones moderadas, cinco o seis días de dolor al mes de cualquier intensidad, o hasta tres ataques incapacitantes.
Las opciones van desde suplementos como magnesio, vitamina B2 y coenzima Q10, hasta medicamentos diarios orales, toxina botulínica e inyecciones mensuales de anticuerpos especializados.
El abordaje varía según la etapa de vida del paciente. En pediatría, la experta prefiere agotar primero las estrategias no farmacológicas —descanso, alimentación, manejo de estresores— antes de recurrir a medicamentos, aunque reconoce que hay niños que sí los necesitan. En mujeres embarazadas o en lactancia, la evidencia disponible es más limitada y el tratamiento se guía por registros de seguridad acumulados con el tiempo.
En todos los casos, el estilo de vida ocupa un lugar central. "El estilo de vida es 100% importante para ayudar a prevenir la progresión de esta condición", afirma. El descanso adecuado, una alimentación lo más libre de preservativos posible, la reducción del alcohol, el ejercicio cardiovascular y el entrenamiento de resistencia, junto con técnicas de manejo del estrés, forman parte de las recomendaciones fundamentales.
La especialista cierra con una perspectiva optimista sobre la investigación actual. En la última década, el péptido CGRP (Calcitonin Gene-Related Peptide) se ha convertido en el principal blanco terapéutico, con medicamentos aprobados tanto para el tratamiento agudo como para la prevención.
Sin embargo, reconoce que una parte de los pacientes no responde de manera óptima, lo que impulsa la búsqueda de nuevas dianas. "Hay otros péptidos que se están estudiando en el camino para esta población que aún quizás no han recibido respuesta de los medicamentos que ya existen", señala.
Con todo, la especialista es clara en un punto: "No hay una cura per se. Hay tratamientos para reducir y controlar esa condición lo más posible para que ese paciente pueda vivir su vida lo más normal que pueda."