Si se descarta una causa cardíaca, los expertos recomiendan trabajar la ansiedad mediante herramientas como el mindfulness y la conexión con el cuerpo, especialmente en un contexto de estrés creciente en poblaciones jóvenes.

El dolor en el pecho es uno de los motivos de consulta más frecuentes en los servicios de urgencia de todo el mundo. Quien lo experimenta por primera vez suele pensar lo peor: un infarto.
Y con razón, porque se trata de un síntoma que no admite demoras. Sin embargo, no todo dolor torácico tiene origen cardíaco. Cada vez más personas, muchas de ellas jóvenes, llegan a emergencias con taquicardia, opresión y dificultad para respirar, y tras realizarse todos los estudios, reciben el mismo diagnóstico: ansiedad.
Pero entre el momento en que aparece el síntoma y ese diagnóstico, hay un trecho de incertidumbre que puede resultar aterrador. En un mundo acelerado por el estrés crónico, miles de personas acuden a las salas de emergencia sin saber si están ante un infarto potencialmente letal o un pico de ansiedad.
La confusión es comprensible, pero los especialistas insisten en que hay un camino claro a seguir: descartar primero lo grave y, una vez confirmado que el corazón está sano, mirar hacia adentro.
Por eso, en una reciente edición de Telesalud, la clínica en casa, los doctores Julián Carreño, médico de familia y host principal del evento, y Luis Ortiz Hadad, cirujano coloproctólogo y psicólogo clínico, abordaron esta duda que satura las urgencias.
José Manuel, un expectante del en vivo de TeleSalud, compartió su experiencia por medio de los comentarios: "Muchas veces siento que tengo síntomas de un infarto por la presión en el pecho y a veces me cuesta respirar, pero, al ir a urgencias no me encuentran problemas cardíacos, pero tampoco me dan un diagnóstico y no sé cómo puedo diferenciar una cosa de la otra. Si es un ataque de pánico o es una enfermedad cardíaca", relató.
Sus palabras describen lo que muchas personas pueden sentir, los síntomas físicos de la ansiedad pueden imitar los de un ataque cardíaco con tal precisión que ni siquiera los pacientes saben qué está ocurriendo en su cuerpo.
La sensación de opresión, las palpitaciones y el ahogo son comunes a ambas condiciones, lo que genera una angustia adicional que, paradójicamente, no hace más que empeorar los síntomas.
Ante esto, el doctor Ortiz Hadad fue enfático en señalar el primer paso, el único que no admite demora. "Si tú piensas que tienes un trastorno cardíaco, alguna cardiopatía o que puedes tener un infarto, lo correcto es sencillamente ir a una emergencia, a una unidad de dolor de pecho y hacerte los estudios del lugar", afirmó.
Esto significa que ante cualquier sospecha de origen cardíaco, la prioridad absoluta es acudir a un servicio de emergencias para realizarse un electrocardiograma, análisis de enzimas y las pruebas necesarias que descarten un infarto u otra condición cardiovascular grave. En este escenario, no hay margen para la especulación ni para la espera.
Ahora bien, si los exámenes cardiológicos resultan normales, el enfoque debe cambiar, así lo explica el experto. "Ahora bien, si te lo hacen y todo está bien, ya puedes saber que toda esa agitación, toda esa ansiedad y eso que tú puedas tener es lo que está desencadenando eso y tienes que trabajarlo", señaló el especialista.
Cuando el corazón está sano pero persisten síntomas como taquicardia, sudoración, opresión en el pecho o sensación de ahogo, lo más probable es que se trate de un ataque de pánico o un episodio de ansiedad aguda.
En estos casos, el tratamiento ya no es médico sino psicológico, e incluye terapias y herramientas de manejo emocional que permitan a la persona recuperar el control sobre su cuerpo y sus emociones.
Lo que sí es cierto es que el perfil de quienes sufren estos episodios ha cambiado en las últimas décadas. "Hace décadas era raro ver personas de 30 años hasta de 20 hipertensos, ahora cada vez se está viendo más. Nuestro nivel de estrés y ansiedad que se están viviendo son tremendos", advirtió.
Este fenómeno nos deja ver cómo el estrés crónico propio de la vida moderna está teniendo consecuencias físicas medibles en poblaciones cada vez más jóvenes, desdibujando la línea entre lo orgánico y lo emocional.
Personas en la veintena que nunca imaginaron tener problemas de presión arterial se encuentran de repente con cifras elevadas, y no siempre se debe a una condición cardíaca, sino a una sobrecarga del sistema nervioso que termina afectando al cuerpo entero.
Así pues, el especialista introdujo también el concepto de mindfulness o conciencia plena como una herramienta clave para abordar la raíz del problema.
"La importancia del mindfulness es que realmente quiere decir conciencia plena y es que nosotros estamos como desenfocados y estamos muy proyectados hacia afuera y perdemos la conexión con nosotros mismos", explicó.
"Nosotros tenemos que tener cierto grado de instrucción, de conectarnos con nosotros mismos, con nuestro cuerpo, nuestras emociones y la mayoría de las veces no lo estamos teniendo. Hay mucha distracción, mucho ruido externo y eso nos debilita", añadió.
Esta sobrecarga de estímulos externos, más la falta de autoconocimiento, crea un ambiente para que la ansiedad se manifieste con síntomas físicos que terminan saturando los servicios de urgencia. La paradoja es que cuanto más miramos hacia afuera en busca de respuestas, menos capaces somos de escuchar lo que nuestro propio cuerpo nos está diciendo.
De igual forma, el doctor Ortiz Hadad quiso enviar un mensaje sobre la capacidad humana para superar estos trastornos. "Nuestra mente es muy fuerte, pero también tiene algunos aspectos débiles, aunque bien dirigida, podemos superar una serie de trastornos que nos están afectando", afirmó.
Esta afirmación subraya que, aunque la mente puede ser la fuente del “problema”, también puede convertirse en la herramienta para resolverlo, siempre que se cuente con la orientación adecuada y se desarrollen las habilidades necesarias. La ansiedad no es una sentencia perpetua, sino una señal de que algo necesita ser atendido.
La conclusión de los especialistas es un protocolo de actuación claro y sencillo: ante síntomas que asustan, lo primero es acudir a urgencias para descartar una condición cardíaca. Si los estudios son normales, entonces es momento de trabajar en la conexión con uno mismo, desarrollar la conciencia plena y buscar herramientas para manejar la ansiedad.