La evidencia científica sugiere una relación compleja entre el consumo de cannabis y la esquizofrenia: aunque no es una causa única, puede agravar la psicosis, aumentar hospitalizaciones y adelantar la aparición de síntomas en personas vulnerables.

La esquizofrenia es una enfermedad mental rara pero grave que afecta la manera en que una persona piensa, toma decisiones, maneja sus emociones e interpreta la realidad. No tiene una única causa: intervienen múltiples factores como la genética, posibles infecciones o desnutrición antes del nacimiento y alteraciones en sustancias químicas del cerebro.
En ese panorama, los científicos continúan investigando el papel del consumo de drogas, incluyendo la marihuana, en el desarrollo y evolución del trastorno.
Diversos análisis de estudios han encontrado que la marihuana es una de las sustancias más consumidas entre personas con esquizofrenia. En particular, los jóvenes con este diagnóstico tienden a consumirla con mayor frecuencia incluso que el alcohol.
Sin embargo, los investigadores aún discuten el significado de esta relación: algunas teorías plantean que podría tratarse de una forma de "automedicación" para aliviar síntomas, aunque la evidencia sugiere que esto no explica completamente el vínculo.
Un elemento clave en común entre la marihuana y la esquizofrenia es la psicosis, que no es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma. Durante un episodio psicótico, la persona puede perder contacto con la realidad, ver u oír cosas que no existen o experimentar pensamientos distorsionados.
Estudios han demostrado que el consumo de marihuana puede generar síntomas psicóticos temporales durante la intoxicación. El principal compuesto responsable sería el THC (delta-9-tetrahidrocannabinol), que altera la percepción mientras dura el efecto.
La relación entre cannabis y psicosis no se limita a efectos pasajeros. En personas que ya viven con esquizofrenia, el consumo de marihuana puede empeorar los síntomas, aumentar la frecuencia de episodios psicóticos y elevar las hospitalizaciones.
Además, la investigación ha identificado que ciertos genes relacionados con la química cerebral, como AKT1 y COMT, pueden aumentar la vulnerabilidad: en estos casos, el consumo de cannabis eleva el riesgo de desarrollar esquizofrenia.
También se ha observado que la marihuana podría adelantar la aparición de los síntomas hasta en tres años. Esto es relevante considerando que, en promedio, los hombres presentan signos en la adolescencia tardía o inicio de los 20, y las mujeres entre finales de los 20 y principios de los 30.
El inicio temprano del consumo, especialmente en la adolescencia —cuando el cerebro aún está en desarrollo—, podría incrementar aún más el riesgo. En personas con antecedentes familiares, el riesgo también aumenta de forma significativa.
Aunque el THC se asocia con la psicosis, otro componente del cannabis, el cannabidiol (CBD), ha mostrado posibles efectos opuestos. En un estudio, pacientes con esquizofrenia tratados con CBD presentaron mejoría de síntomas y menos efectos secundarios en comparación con medicamentos antipsicóticos tradicionales.
Sin embargo, estos resultados provienen de entornos clínicos controlados y con productos médicos específicos, lo que no equivale al consumo recreativo de marihuana.
Aunque la relación exacta entre cannabis y esquizofrenia aún se investiga, los especialistas coinciden en algunas recomendaciones generales:
Los adolescentes deberían evitar el consumo o retrasarlo hasta la adultez.
Las personas con esquizofrenia no deberían consumir marihuana.
Quienes tienen antecedentes familiares de esquizofrenia o trastornos psicóticos deberían evitarla.
Los cuidadores de personas con esquizofrenia que consumen cannabis deben incentivarlas a dejarlo