Un estudio basado en el análisis de escáneres cerebrales de casi 12.000 niños entre los 9 y 10 años encontró que el nivel socioeconómico es el factor ambiental más asociado a diferencias en la estructura y función del cerebro infantil.

La investigación, publicada en la revista Science, utilizó datos del Adolescent Brain Cognitive Development (ABCD) Study, un proyecto longitudinal financiado por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.
Los investigadores analizaron 649 variables relacionadas con la vida de los niños, incluyendo salud, relaciones familiares, amistades, consumo de sustancias, exposición ambiental, tiempo frente a pantallas y factores culturales y socioeconómicos.
De ese total, 40 variables se asociaron con la función cerebral, y 37 de ellas correspondían al ámbito socioeconómico, incluyendo ingreso familiar, niveles de pobreza del vecindario, acceso a transporte y propiedad de vivienda.
Según el estudio, el nivel socioeconómico explicó alrededor del 16% de la variabilidad en la función cerebral de los niños analizados.
Los investigadores señalan que estas diferencias podrían estar relacionadas con factores como el estrés crónico y la alteración del sueño, ambos más frecuentes en contextos de mayor desventaja socioeconómica.
El neurólogo Nico Dosenbach explicó que los patrones cerebrales observados en niños de menor nivel socioeconómico se asemejan a los que se ven durante la privación de sueño o el consumo de estimulantes, con mayor activación de áreas sensoriales y motoras, lo que incrementa la reactividad al entorno.
En contraste, los patrones asociados a mayor nivel socioeconómico se relacionan con regiones del cerebro vinculadas a funciones ejecutivas y cognición superior, como la corteza frontal.
El estudio también revisó la relación entre la estructura cerebral y el coeficiente intelectual.
Tras ajustar los datos por nivel socioeconómico, alrededor del 70% de las asociaciones previamente observadas entre estructura cerebral e IQ dejaron de ser estadísticamente significativas.
Esto sugiere que muchos de esos vínculos podrían estar influenciados por factores socioeconómicos no considerados en investigaciones anteriores.
Expertos advierten que los resultados no prueban causalidad directa.
Janet Currie, economista de la salud en la Universidad de Yale, señaló que aún es necesario realizar estudios longitudinales para determinar si los cambios en el nivel socioeconómico producen cambios en el desarrollo cerebral a lo largo del tiempo.
La investigación se enmarca en el campo del exposoma, que estudia cómo los factores ambientales y sociales influyen en la salud humana.
Los autores del estudio destacan que el estrés, el sueño y posiblemente el uso de pantallas podrían ser mecanismos que conectan el entorno socioeconómico con el desarrollo cerebral, aunque estos factores aún requieren mayor investigación.