Un estudio con más de 800 adultos mayores halló que la presencia de ciertos reflejos primitivos se asocia con un deterioro cognitivo más acelerado y con un mayor riesgo de desarrollar demencia.

La identificación temprana de personas con riesgo de desarrollar demencia continúa siendo una prioridad ante el creciente impacto de estas enfermedades neurodegenerativas. En este contexto, investigadores evaluaron si ciertos reflejos neurológicos simples, conocidos como signos de liberación frontal (FRS, por sus siglas en inglés), podrían ayudar a detectar de forma precoz a quienes tienen mayor probabilidad de experimentar deterioro cognitivo.
Un estudio longitudinal encontró que los adultos mayores cognitivamente sanos que presentaban dos o más signos de liberación frontal tenían una probabilidad significativamente mayor de desarrollar demencia en comparación con quienes no presentaban múltiples reflejos.
La investigación fue liderada por Lauren G. Bojarski, DO, MS, profesora asistente de neurología cognitiva de la Universidad de Virginia Occidental, en Morgantown, Estados Unidos.
Los signos de liberación frontal son reflejos primitivos que normalmente están presentes durante la infancia y desaparecen a medida que el cerebro madura. Entre ellos se encuentran los reflejos de prensión, búsqueda, hociqueo, palmomentoniano y glabelar, entre otros. Su reaparición en etapas posteriores de la vida se ha asociado previamente con lesiones neurológicas y enfermedades neurodegenerativas.
Los investigadores analizaron datos recopilados entre 2005 y 2024 por el Centro de Investigación sobre la Enfermedad de Alzheimer de la Universidad de Kentucky.
El estudio incluyó a 873 adultos de 70 años o más, con una edad media de 76,9 años. Del total, el 60,4% eran mujeres y los participantes tenían en promedio 16,1 años de educación.
Al inicio del estudio, 672 participantes tenían una función cognitiva normal y 201 presentaban deterioro cognitivo leve u otros déficits cognitivos leves. Las personas con demencia fueron excluidas.
Los neurólogos evaluaron anualmente la presencia de distintos reflejos, incluidos el reflejo de prensión, palmomentoniano, Gegenhalten, hociqueo, glabelar, de succión y mandibular. Los participantes fueron clasificados como positivos para FRS cuando presentaban al menos dos de estos reflejos.
Entre los participantes con cognición normal al inicio, el 25,4% de quienes eran positivos para FRS desarrolló demencia durante el seguimiento, frente al 14,5% de quienes eran negativos.
Tras ajustar variables como edad, sexo, nivel educativo, puntuación en el Mini-Mental State Examination y alteraciones de la marcha, los investigadores observaron que la presencia de dos o más signos de liberación frontal se asociaba con un aumento significativo del riesgo de demencia, con una razón de riesgo ajustada de 1,80.
Sin embargo, entre los participantes que ya presentaban deterioro cognitivo leve al inicio, la presencia de múltiples FRS no se relacionó significativamente con un mayor riesgo de progresión hacia la demencia.
Los análisis longitudinales mostraron que los participantes cognitivamente intactos con múltiples signos de liberación frontal experimentaron una disminución más rápida en determinadas funciones cognitivas.
La memoria presentó un deterioro anual más acelerado, con un cambio promedio de -0,025 en la puntuación estandarizada, mientras que la función ejecutiva mostró un cambio anual promedio de -0,017.
Además, desde el inicio del estudio, las personas con FRS positivos obtuvieron peores resultados en pruebas de atención, función ejecutiva y lenguaje en comparación con quienes tenían uno o ningún reflejo.
Los reflejos observados con mayor frecuencia fueron el palmomentoniano y el glabelar.
Los autores señalaron que la evaluación de estos reflejos puede completarse en menos de dos minutos durante un examen neurológico habitual, por lo que podría convertirse en una herramienta complementaria para identificar personas con riesgo de deterioro cognitivo antes de la aparición de síntomas clínicos evidentes.
Como siguiente paso, los investigadores propusieron estudiar la relación entre los signos de liberación frontal y los nuevos biomarcadores sanguíneos asociados con la enfermedad de Alzheimer, con el objetivo de determinar si estos hallazgos clínicos reflejan cambios neurodegenerativos subyacentes.