Científicos producen fármaco para párkinson utilizando residuos de plástico PET y bacterias modificadas

Mediante biología sintética, bacterias actúan como "fábricas vivas" que transforman el plástico en un compuesto medicinal, reduciendo la dependencia de combustibles fósiles y optimizando el uso del carbono residual.

Katherine Ardila

    Científicos producen fármaco para párkinson utilizando residuos de plástico PET y bacterias modificadas

    En un mundo donde la contaminación por plásticos alcanza cifras récord y la búsqueda de tratamientos médicos sostenibles se vuelve cada vez más urgente, un grupo de investigadores de la Universidad de Edimburgo, en Escocia, ha logrado un hito que parece sacado de la ciencia ficción: transformar botellas de plástico usadas en un medicamento esencial para tratar la enfermedad de Parkinson

    Este desarrollo es una alternativa innovadora para el reciclaje, sino que abre la puerta a una producción farmacéutica más limpia, ecológica y desvinculada de los combustibles fósiles.

    Cuando la basura se convierte en tratamiento

    El proceso parte de un plástico llamado PET, muy usado en todo el mundo y difícil de reciclar por completo. Cada año se generan millones de toneladas de PET, un material resistente y liviano, pero que suele terminar como basura. Gran parte de ese plástico va a parar a basurales, incineradoras o llega a ríos y mares, donde causa contaminación. 

    Frente a esta realidad, el equipo de la Universidad de Edimburgo se propuso darle una segunda vida a esos desechos, pero de una manera completamente novedosa: convirtiéndolos en L-DOPA, uno de los principales tratamientos para la enfermedad de Parkinson.

    El trabajo se realizó en el Centro de Biomanufactura Sostenible en Bucle de Carbono, conocido como C-Loop, un centro especial que intenta transformar los desechos industriales en productos útiles. 

    Este centro cuenta con el apoyo del Consejo de Investigación en Ciencias Físicas e Ingeniería, lo que significó una inversión de 18,4 millones de dólares. También se recibió apoyo de UK Research and Innovation, del Centro de Innovación en Biotecnología Industrial y de la empresa Impact Solutions, que colaboró con pruebas en laboratorio.

    Bacterias que actúan como pequeñas fábricas vivientes

    El equipo trabajó con bacterias que fueron modificadas para realizar una especie de truco de laboratorio. Después de desarmar el plástico hasta conseguir ácido tereftálico, las bacterias toman ese material y siguen instrucciones especiales. 

    Este proceso lleva a transformar al plástico en L-DOPA. Es como si las bacterias fueran mini fábricas vivas que convierten algo que ya nadie quiere en una medicina valiosa.

    Los resultados de la investigación, que fueron publicados en la revista Nature Sustainability, mostraron que es posible transformar el plástico de envases comunes, como botellas de agua o gaseosa, en este fármaco fundamental. Los investigadores explicaron que este método permite aprovechar el carbono del plástico, que de otra manera se perdería como residuo. Además, la técnica usa menos recursos que los métodos tradicionales, los cuales dependen de combustibles fósiles que se están agotando.

    La biología que convierte residuos en oportunidades

    Stephen Wallace, quien dirigió la investigación, contó que este hallazgo muestra cómo el plástico puede pasar de ser un problema a convertirse en un recurso para cuidar la salud. 

    "Si se puede fabricar medicina a partir de una botella usada, es interesante pensar en todo lo que se podría lograr con esta tecnología", expresó Wallace, abriendo la puerta a la imaginación sobre las múltiples aplicaciones que podría tener este descubrimiento.

    Liz Fletcher, directora adjunta de IBioIC, expresó que este proyecto demuestra que la biología puede cambiar la forma de ver los residuos. "Transformar botellas en medicamentos ayuda a rediseñar procesos y trae beneficios reales para las personas", sostuvo Fletcher, destacando el impacto concreto que esta tecnología podría tener en la calidad de vida de los pacientes.

    Charlotte Deane, directora de EPSRC, resaltó que la biología sintética puede enfrentar desafíos sociales importantes. "El grupo de Edimburgo demostró que el carbono del plástico, en vez de desperdiciarse, puede convertirse en productos que suman a la calidad de vida", afirmó Deane, poniendo el énfasis en el valor social de esta innovación.

    Resultados prometedores y desafíos por delante

    El equipo ya pudo producir y aislar L-DOPA en suficiente cantidad para demostrar la técnica fuera del laboratorio. Este es un paso crucial, pues valida que el proceso funciona más allá de las condiciones controladas del laboratorio. Sin embargo, el próximo reto será llevar el proceso a una escala industrial, lo que requiere hacerlo más eficiente, seguro y económico.

    Aunque el avance entusiasma, los investigadores advierten que hay desafíos por delante. La técnica todavía necesita ajustes para asegurar que funcione bien en fábricas grandes y no cause nuevos problemas ambientales o económicos. La transición de un experimento de laboratorio a una planta de producción industrial implica superar obstáculos técnicos, logísticos y regulatorios que no deben subestimarse.

    El equipo científico utiliza bacterias

     Créditos: edinburgh innovations

    Más allá de los medicamentos: un futuro de posibilidades

    Este avance no se limita a medicamentos. Los investigadores ven posible usar la misma técnica para fabricar fragancias, cosméticos y otros productos, usando residuos como materia prima. Así, el plástico que hoy es basura podría convertirse en algo útil y necesario en múltiples industrias. Esta visión abre un horizonte donde los desechos dejen de ser un problema para convertirse en un recurso valioso en una economía circular.

    La Universidad de Edimburgo impulsa esta línea junto a su área de innovación, Edinburgh Innovations. Susan Bodie, directora de esta unidad, invitó a empresas a sumarse a estos desarrollos que buscan una revolución verde en la industria. Su llamado refleja la convicción de que estos avances solo podrán materializarse plenamente con la participación activa del sector privado.

    Una luz de esperanza para pacientes y para el planeta

    Este desarrollo no solo ofrece una alternativa más limpia y ecológica para fabricar fármacos que muchas personas necesitan, sino que también plantea una solución concreta para uno de los problemas ambientales más apremiantes de nuestra era. La enfermedad de Parkinson afecta a millones de personas en todo el mundo, y la L-DOPA sigue siendo el tratamiento de referencia para controlar sus síntomas. 

    Poder producir este medicamento a partir de residuos plásticos representa un doble beneficio: se reduce la contaminación y se garantiza el acceso a un fármaco esencial.

    La investigación publicada en Nature Sustainability confirma que es posible transformar el plástico de envases comunes en este valioso compuesto. Lo que antes eran botellas desechadas en basurales o flotando en los océanos, ahora tienen el potencial de convertirse en esperanza para quienes viven con Parkinson.



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