Un estudio con más de 32.000 adultos seguidos durante 25 años encontró que dejar de fumar se asocia con un menor riesgo de desarrollar demencia en la vejez. La reducción del riesgo se vuelve más notable con el tiempo sin tabaco y puede acercarse al nivel de quienes nunca fumaron tras aproximadamente siete años.

Aunque el tabaquismo ha sido ampliamente vinculado con enfermedades cardiovasculares y pulmonares, nuevas investigaciones siguen ampliando su impacto hacia la salud cerebral.
Un equipo de investigadores de una universidad en China analizó datos de más de 32.000 adultos durante un periodo de 25 años. En ese tiempo, documentaron 5.868 casos de demencia, lo que permitió evaluar cómo el consumo o abandono del cigarrillo influía en el riesgo de desarrollar esta condición neurodegenerativa. Los hallazgos fueron publicados en la revista científica Neurology.
El estudio encontró que las personas que dejaron de fumar durante el seguimiento presentaron un riesgo significativamente menor de demencia en comparación con quienes continuaron fumando.
De hecho, los exfumadores mostraron niveles de riesgo similares a los de personas que habían dejado el tabaco antes del inicio del estudio y a quienes nunca habían fumado.
Además, los investigadores observaron un patrón clave, el riesgo de demencia disminuía progresivamente cuanto más tiempo llevaba una persona sin fumar, acercándose al nivel de los no fumadores tras cerca de siete años de abstinencia.
Uno de los hallazgos más llamativos fue que los beneficios eran aún más marcados en quienes no ganaron peso o ganaron muy poco después de dejar el cigarrillo.
Esto sugiere que no solo abandonar el tabaco importa, sino también algunos factores de salud posteriores al cambio de hábito.
"El cerebro se beneficia al dejar de fumar en cualquier etapa"
El estudio fue comentado por el médico formado en Harvard y director médico Zaid Fadul, quien no participó en la investigación.
"La clave es que el cerebro parece beneficiarse del cese del tabaquismo en prácticamente cualquier etapa", afirmó.
Fadul explicó que el tabaco contribuye a procesos como la inflamación crónica, el estrés oxidativo y el daño vascular cerebral, todos asociados al deterioro cognitivo. "Nunca es demasiado tarde para dejarlo", añadió el especialista. "Aunque dejarlo temprano ofrece mayores beneficios, el cuerpo y el cerebro comienzan a recuperarse poco después de abandonar el tabaco". añadió
También destacó que mejorar la circulación y reducir la inflamación ayuda a preservar la función cognitiva a largo plazo.
Pese a los resultados positivos, los autores aclararon una limitación importante: el estudio observa una asociación, pero no demuestra causalidad directa.
Es decir, aunque dejar de fumar se relaciona con menor riesgo de demencia, otros factores de estilo de vida, salud o ambiente también pudieron influir en los resultados.
Los hallazgos refuerzan la idea de que abandonar el cigarrillo no solo protege el corazón y los pulmones, sino que también podría tener un impacto significativo en la salud cerebral a largo plazo, con beneficios que aumentan con los años libres de tabaco.