Un ensayo clínico internacional reveló que el ocrelizumab reduce en 30% el riesgo de progresión de la discapacidad en personas con esclerosis múltiple primaria progresiva, incluso en pacientes mayores y con movilidad reducida.

La esclerosis múltiple es una enfermedad neurológica crónica y degenerativa que afecta al sistema nervioso central. Con el tiempo puede provocar problemas de movilidad, fatiga, alteraciones del equilibrio y pérdida progresiva de la autonomía.
Dentro de sus variantes, la esclerosis múltiple primaria progresiva (EMPP) representa entre el 10% y el 15% de los casos. Esta forma se caracteriza porque la discapacidad empeora de manera continua, sin brotes claros, y hasta ahora contaba con opciones de tratamiento limitadas, especialmente en etapas avanzadas o en pacientes mayores.
Un estudio internacional de fase III, publicado en la revista The Lancet y liderado por la Universidad Queen Mary de Londres, analizó el efecto del tratamiento con ocrelizumab en pacientes con EMPP.
El ensayo ORATORIO-HAND incluyó a más de 1.000 personas de 22 países, convirtiéndose en uno de los estudios más amplios realizados en esta población. A diferencia de investigaciones previas, que suelen excluir a pacientes mayores de 55 años o con discapacidad avanzada, este trabajo incluyó participantes de hasta 65 años, muchos de ellos con limitaciones importantes de movilidad e incluso usuarios de silla de ruedas.
Los hallazgos del estudio muestran un impacto significativo del tratamiento, reflejando 30% menos riesgo de progresión de la discapacidad frente a placebo, 41% menos empeoramiento de la función de manos y extremidades superiores a las 12 semanas y 52% menos riesgo de requerir silla de ruedas en personas que aún conservaban capacidad de movilidad al inicio del estudio.
Además, en pacientes con actividad inflamatoria visible en resonancias magnéticas, el beneficio fue aún mayor, con una reducción del 55% en el riesgo de progresión de la discapacidad.
Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que no solo evaluó la capacidad de caminar, sino también la función de las extremidades superiores mediante pruebas de destreza manual.
Este punto es clave porque, según los investigadores, conservar la función de las manos tiene un impacto directo en la independencia: permite a los pacientes vestirse, alimentarse, comunicarse y mantener su autonomía diaria.
El estudio sugiere que ocrelizumab podría beneficiar a un grupo más amplio de pacientes con EMPP, incluyendo aquellos que hasta ahora no eran considerados candidatos en muchos esquemas de tratamiento.
Los autores señalan que estos resultados podrían influir en la forma en que se diseñan futuros ensayos clínicos y en las decisiones de tratamiento, especialmente en sistemas de salud donde aún existen pocas opciones para fases avanzadas de la enfermedad.
El neurólogo Gavin Giovannoni, investigador principal, destacó que los resultados obligan a replantear la idea de que los tratamientos dejan de ser útiles en fases avanzadas de la enfermedad, ya que incluso en estos casos se observa preservación de funciones clave para la vida diaria.
Por su parte, representantes de la Sociedad de Esclerosis Múltiple calificaron los hallazgos como "increíblemente positivos", subrayando que muchas investigaciones se han enfocado únicamente en la movilidad, dejando de lado aspectos esenciales como la función de las manos.
Aunque el fármaco ya se utiliza en otras formas de esclerosis múltiple, estos resultados abren la puerta a ampliar su uso en pacientes con EMPP que actualmente no tienen alternativas terapéuticas efectivas.
Sin embargo, los expertos insisten en que el reto ahora es trasladar esta evidencia a la práctica clínica y definir cómo se implementará de forma segura y accesible para más pacientes.