Un estudio publicado en la revista científica The Lancet Regional Health–Americas reveló que la mortalidad por cáncer de mama disminuyó de forma sostenida entre 1991 y 2023, especialmente en mujeres mayores de 45 años. Sin embargo, entre las menores de esa edad se observó un incremento de las muertes desde 2010.

El cáncer de mama continúa siendo el tumor más frecuente y la principal causa de muerte por cáncer en mujeres en Argentina, con alrededor de 22.000 nuevos casos y 6.000 fallecimientos cada año. Aunque los avances en diagnóstico y tratamiento han contribuido a reducir la mortalidad en las últimas décadas, una nueva investigación advierte que esta mejora no se distribuye de manera uniforme entre todos los grupos de edad y regiones del país.
El estudio, realizado por investigadores del Programa de Referencia y Biobanco Genómico de la República Argentina (PoblAR), analizó las muertes por cáncer de mama registradas entre 1991 y 2023.
Durante ese período se documentaron 165.251 fallecimientos por esta enfermedad. La tasa de mortalidad estandarizada por edad fue de 21 muertes por cada 100.000 habitantes, una cifra inferior a la registrada entre 1985 y 1989, cuando alcanzaba 27,6 por cada 100.000 habitantes.
Los investigadores también identificaron una disminución promedio anual de la mortalidad del 0,8%, impulsada principalmente por las mujeres de 45 años o más.
Según los hallazgos, la mortalidad por cáncer de mama descendió un 22% en las mujeres mayores de 45 años. En contraste, entre las menores de esa edad la reducción fue de apenas un 12%.
Además, aunque la tasa de mortalidad en mujeres jóvenes sigue siendo más baja —3 muertes por cada 100.000 habitantes durante el período analizado—, los datos muestran una tendencia preocupante desde 2010.
Los investigadores encontraron que la mortalidad en este grupo aumentó significativamente a una tasa de 1,57% anual después de ese año.
"Nos llamó especialmente la atención que la reducción observada a nivel nacional estuviera impulsada por las mujeres de 45 años o más. En las menores de 45, las tasas fueron más bajas, pero mostraron trayectorias inestables y sin un descenso sostenido", explicó el investigador Marcelo I. Figueroa, autor principal del estudio.
El trabajo identificó una situación particularmente preocupante en las regiones del Noroeste Argentino (NOA) y del Noreste Argentino (NEA).
De acuerdo con los investigadores, estas zonas históricamente presentaban las tasas de mortalidad por cáncer de mama más bajas del país. Sin embargo, en los últimos años comenzaron a mostrar señales de incremento entre las mujeres menores de 45 años.
El dato más alarmante se registró en el NOA, donde la mortalidad en mujeres jóvenes aumentó aproximadamente un 5% por año en los últimos años analizados.
Andrea Llera, coautora del estudio e investigadora del CONICET, señaló que esta tendencia merece especial atención debido a que el cáncer de mama en mujeres jóvenes suele presentar características más agresivas y una menor respuesta a los tratamientos.
La investigadora también mencionó que cambios sociales, como la disminución de los embarazos y de los períodos de lactancia, podrían estar influyendo, ya que ambos factores son considerados protectores frente a la enfermedad.
Los autores destacan que las diferencias observadas entre regiones podrían estar relacionadas con múltiples factores, entre ellos el acceso al diagnóstico temprano, la disponibilidad de tratamientos, las condiciones sociales, la infraestructura sanitaria, aspectos demográficos e incluso factores genéticos asociados a distintas ancestrías.
Para llegar a estas conclusiones, el equipo analizó datos provenientes de certificados de defunción y censos poblacionales, lo que permitió estudiar cómo evolucionó la mortalidad por cáncer de mama en distintas provincias y departamentos argentinos durante más de tres décadas.
Según los investigadores, este tipo de análisis permite identificar territorios donde las mejoras no avanzan al mismo ritmo que el promedio nacional y orientar de forma más precisa las estrategias de salud pública.
Los autores consideran que los resultados pueden servir para fortalecer la vigilancia epidemiológica y mejorar el acceso al diagnóstico oportuno, la derivación y los tratamientos en las regiones con mayores desafíos.
Asimismo, aclaran que los hallazgos no implican modificar de forma inmediata las recomendaciones actuales de tamizaje, pero sí resaltan la importancia de monitorear de cerca a los grupos que muestran patrones desfavorables e investigar las causas detrás de estas tendencias.
"El objetivo es reducir desigualdades y asegurar oportunidades similares de prevención y atención en todo el país", concluyó Figueroa.