Un metaanálisis internacional concluyó que los cannabinoides no demostraron beneficios claros para la mayoría de enfermedades psiquiátricas y trastornos por consumo de sustancias. Los investigadores también advirtieron sobre una brecha entre su uso clínico y la evidencia científica disponible.

El uso de cannabis medicinal se ha extendido en varios países para tratar problemas de salud mental y trastornos por consumo de sustancias. Sin embargo, una de las revisiones sistemáticas y metaanálisis más amplios realizados hasta la fecha encontró que la evidencia científica que respalda estos usos sigue siendo limitada o de baja calidad.
La investigación, publicada en The Lancet Psychiatry, analizó 54 ensayos clínicos aleatorizados realizados entre 1980 y 2025, con la participación de 2.477 personas.
Los resultados mostraron que los cannabinoides no se asociaron con mejoras significativas en afecciones como ansiedad, trastorno por estrés postraumático (TEPT), anorexia nerviosa y trastorno por consumo de opioides. Además, la evidencia fue considerada insuficiente para determinar beneficios en trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), depresión, trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) y trastorno bipolar.
Los investigadores identificaron algunos resultados favorables en determinadas condiciones. La combinación de cannabidiol (CBD) y tetrahidrocannabinol (THC) se relacionó con una reducción de los síntomas de abstinencia al cannabis y con una disminución de la gravedad de los tics en personas con síndrome de Tourette.
También se observó un aumento en el tiempo total de sueño en pacientes con insomnio y una reducción de algunos rasgos asociados al trastorno del espectro autista. Sin embargo, los autores señalaron que la certeza de la evidencia para la mayoría de estos hallazgos fue baja o muy baja.
El análisis encontró además que las personas con trastorno por consumo de cocaína que recibieron cannabinoides presentaron mayores niveles de deseo de consumo que quienes recibieron placebo.
De manera general, los participantes que utilizaron cannabinoides tuvieron una mayor probabilidad de experimentar eventos adversos en comparación con los grupos de control, aunque no se observó un aumento significativo de eventos graves ni una mayor tasa de abandono de los estudios.
Los autores señalaron que existe una brecha importante entre el creciente uso clínico de los cannabinoides y la evidencia científica disponible para respaldar su eficacia.
Según los investigadores, el uso rutinario de cannabinoides para tratar trastornos mentales o trastornos por consumo de sustancias rara vez está justificado con la información actual. Además, advirtieron que su utilización podría retrasar o reemplazar terapias con mayor respaldo científico, por lo que consideran necesarias investigaciones más rigurosas para aclarar sus beneficios y riesgos.