Mientras las olas de calor son cada vez más intensas y frecuentes, expertos advierten que el aire acondicionado es una herramienta clave para la salud y el confort térmico, aunque su uso masivo aumenta el consumo energético, las emisiones de gases de efecto invernadero y el calor en las ciudades.

El aumento de las temperaturas asociado a la crisis climática está impulsando el uso del aire acondicionado en todo el mundo. Sin embargo, aunque esta tecnología ayuda a proteger a las personas frente al calor extremo, también contribuye al cambio climático mediante el consumo de energía, el uso de refrigerantes y la expulsión de calor al entorno. Ante este escenario, investigadores plantean la necesidad de combinar sistemas de climatización más eficientes con medidas urbanas y energéticas que permitan garantizar el confort térmico de forma sostenible y accesible.
Manuel Ruiz de Adana, investigador de la Universidad de Córdoba y responsable del Grupo de Investigación en Ingeniería Térmica Aplicada, explicó que la climatización no solo busca garantizar el confort dentro de los edificios, sino que constituye una medida de protección sanitaria.
Según el experto, las personas mayores y los niños son especialmente vulnerables al estrés térmico debido a la sensibilidad de sus sistemas de regulación de la temperatura corporal. Por ello, permanecer en espacios con temperaturas adecuadas puede ayudar a proteger su salud.
Ruiz de Adana señaló además que el confort térmico depende de múltiples factores, entre ellos la temperatura del aire, la humedad, la ventilación, la velocidad del aire y la temperatura radiante del entorno, aunque controlar la temperatura sigue siendo uno de los aspectos más relevantes.
El uso del aire acondicionado también tiene consecuencias ambientales. La Agencia Internacional de la Energía estima que en 2022 la refrigeración de espacios generó alrededor de 1.000 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2) debido al consumo eléctrico.
Además, los sistemas de climatización expulsan calor al exterior. Ruiz de Adana explicó que una tecnología estándar extrae energía del interior para enfriar los espacios y, al mismo tiempo, libera al entorno una cantidad aún mayor de calor. Según el investigador, mientras más viviendas utilicen estos equipos, mayor será el calor emitido al ambiente.
Para Marta Olazabal, jefa del Grupo de Investigación en Adaptación al Cambio Climático del BC3, el debate sobre el aire acondicionado no se limita al consumo energético, sino también al calor que estos sistemas expulsan al entorno urbano.
La investigadora afirmó que, aunque el aire acondicionado no es una solución sostenible a largo plazo, sí resulta necesario en muchos contextos debido al incremento de las temperaturas extremas.
El acceso a la climatización no está garantizado para toda la población. De acuerdo con un informe de Greenpeace presentado en 2025, una de cada tres familias no puede mantener una temperatura adecuada en su vivienda durante los meses de calor.
Olazabal advirtió que esta situación podría agravarse en el futuro debido al aumento de las olas de calor y las noches tropicales. En su opinión, es necesario implementar medidas que permitan garantizar el confort térmico sin que dependa exclusivamente de la capacidad económica de cada hogar.
La investigadora también señaló que, aunque existen subvenciones para mejorar el aislamiento de las viviendas o instalar equipos de aire acondicionado, muchas familias no pueden asumir los costos restantes ni el gasto asociado al funcionamiento de estos sistemas.
Los expertos consideran que una de las vías para reducir el impacto ambiental de la climatización pasa por desarrollar sistemas más eficientes y con menores emisiones.
Ruiz de Adana destacó estrategias como el uso de bombas de calor reversibles de alta eficiencia, compresores modulares, la reducción de fugas y el empleo de refrigerantes de bajo impacto climático.
En esta línea, un estudio publicado en la revista Encyclopedia analizó distintas alternativas de refrigerantes y concluyó que existen opciones capaces de reducir significativamente las emisiones, aunque la mejor solución depende de las condiciones geográficas de cada región.
Otra alternativa es alimentar los sistemas de climatización con electricidad procedente de fuentes renovables, como la energía solar fotovoltaica o la eólica. No obstante, el investigador aclaró que, incluso en estos casos, se hablaría de sistemas de muy bajas emisiones más que de una climatización completamente descarbonizada.
Las ciudades enfrentan un desafío adicional debido al fenómeno conocido como isla de calor urbana, que provoca temperaturas más elevadas en áreas urbanizadas por la presencia de asfalto, edificaciones y otras infraestructuras.
Según un estudio publicado en Nature en 2023, las diferencias de temperatura entre una ciudad y las zonas rurales cercanas pueden alcanzar hasta 10 °C.
Para Olazabal, las intervenciones en el espacio público son fundamentales para mantener el confort térmico. Aunque los refugios climáticos pueden ser útiles, considera que representan una solución temporal y no deberían ser la única estrategia de adaptación.
Entre las medidas propuestas figuran el aislamiento de edificios, la ventilación nocturna, el aumento de la vegetación urbana y otras acciones orientadas a reducir la demanda de refrigeración antes de recurrir al aire acondicionado.
Los investigadores también destacan el potencial de las redes de distrito de calor y frío, infraestructuras que producen energía térmica de forma centralizada y la distribuyen a múltiples edificios mediante tuberías.
Según Ruiz de Adana, este modelo permite sustituir sistemas individuales por una gestión energética más eficiente a escala urbana, optimizando el uso de electricidad renovable, almacenamiento energético y calor residual.
De acuerdo con el Censo ADHAC 2025, en España existen actualmente 585 redes de calor y frío, más de 8.000 edificios conectados y más de 1.100 kilómetros de red.
Tanto Ruiz de Adana como Olazabal coinciden en que la adaptación al aumento de las temperaturas requerirá una combinación de medidas. Los expertos consideran que, dadas las condiciones actuales y futuras, no es posible prescindir de los sistemas de climatización, pero sí reducir su impacto mediante tecnologías más eficientes, energías renovables, mejoras en los edificios y una planificación urbana orientada al confort térmico.
En palabras de Olazabal, el debate no debería centrarse únicamente en el uso del aire acondicionado, sino en cómo garantizar condiciones adecuadas de confort térmico tanto dentro como fuera de los edificios.