Puerto Rico presente: misión médica desde Ponce impacta a miles en República Dominicana

Un operativo de salud en Sans Soucí reunió a médicos de Ponce en una misión organizada y humana que brindó atención integral, eficiente y digna, demostrando que la medicina, cuando se ejerce con compromiso social, no solo cura, sino que transforma vidas.

Carlos A. Lugo Marrero

    Puerto Rico presente: misión médica desde Ponce impacta a miles en República Dominicana

    En las facilidades del puerto de Sans Soucí en Santo Domingo, capital de República Dominicana, se llevó a cabo uno de los operativos de salud pública más organizados, humanos y trascendentales que ha vivido la región en tiempos recientes.

    Lejos de la improvisación que muchas veces caracteriza este tipo de iniciativas, el ambiente reflejaba estructura, respeto y una clara intención de dignificar al paciente. Aire acondicionado, tiempos de espera mínimos, orientación constante, alimentos y jugos... cada elemento diseñado para ofrecer una experiencia de atención eficiente y humana.

    Porque en este operativo no se trataba únicamente de curar. Se trataba de cuidar.

    A la convocatoria de la Fundación Ferries del Caribe respondió la Casa del Médico de Ponce, Puerto Rico, liderada por su presidenta, Dra. Joyce Vargas, junto a un extraordinario grupo de profesionales encabezados por el Dr. Ángel Miche Terrero.

    Pero lo que llegó desde Ponce no fue solo un equipo médico. Fue una misión.

    Dos autobuses llenos de médicos, especialistas, enfermeras y voluntarios se movilizaron con un propósito común: servir. Una entrega profundamente voluntaria, nacida desde la vocación, que se sentía en cada consulta, en cada interacción y en cada paciente atendido.

    "Esto es una entrega que nace del corazón. Cada vez somos más porque entendemos que la medicina también es compromiso social", expresó el Dr. Ángel Miche Terrero, destacando el espíritu que impulsó esta movilización.

    Junto a ellos, participaron destacados especialistas como la cardióloga Dra. Ana Finch, el ginecólogo Dr. Cruz Correa, la Dra. Helga Rodríguez, la Dra. Blanco, la Dra. Orengo, el Dr. Cristóbal Cruz Colón y el Dr. Renier González Cruz, especialista en cuidado de heridas, medicina hiperbárica y medicina de familia, quien desempeñó un rol clave en la atención de pacientes con úlceras y condiciones crónicas complejas, entre decenas de médicos, enfermeras y voluntarios que formaron parte de esta misión de salud.

    Decenas de médicos en disciplinas como cardiología pediátrica, pediatría, medicina general, urología, ginecología, oftalmología, dermatología, ortopedia, manejo de úlceras, diabetes, laboratorio clínico y farmacia, transformaron el espacio en un sistema integral de atención.

    Sin embargo, el verdadero valor del operativo se encontraba más allá de la estructura clínica.

    Detrás de cada panel, en espacios diseñados para preservar la privacidad, se desarrollaba el acto esencial de la medicina: el encuentro entre el médico y el paciente. Una consulta que no solo diagnosticaba, sino que escuchaba, acompañaba y devolvía tranquilidad.

    Vea la recapitulación completa aquí:

    "Aquí no solo tratamos condiciones. Aquí cuidamos personas", reiteró el Dr. Ángel Miche Terrero, resumiendo el propósito de toda la jornada.

    Por su parte, la presidenta de la Casa del Médico de Ponce, Joyce Vargas, destacó su rol como facilitadora de esta iniciativa:

    "Responder a esta convocatoria fue un acto de sensibilidad y compromiso. Aquí hubo organización, capacidad y, sobre todo, voluntad de servir. Lograr reunir este grupo de profesionales demuestra que cuando hay propósito, el poder de convocatoria se convierte en acción".

    Pacientes que llegaban con incertidumbre encontraron orden. Quienes enfrentaban largas esperas, recibieron atención ágil. Quienes cargaban dolor, encontraron alivio... pero también cercanía. En cada estación médica se repetía la misma constante: profesionalismo con sensibilidad.

    "La medicina no se limita a lo clínico. También es cómo hacemos sentir al paciente en su momento más vulnerable", comentó una de las especialistas participantes.

    Lo ocurrido en Sans Soucí no fue simplemente un operativo de salud.

    Fue una demostración clara de que la medicina puertorriqueña —desde Ponce— tiene la capacidad de trascender fronteras, elevar estándares y responder con excelencia a las necesidades más urgentes de la región.

    Fue, además, una afirmación de que la organización y la humanidad pueden coexistir.

    Que se puede servir con eficiencia... sin perder sensibilidad.

    Que se puede atender con estructura... sin dejar de abrazar.

    Porque cuando la medicina se ejerce con propósito, no solo cura... también transforma vidas.


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