Un paciente inicialmente diagnosticado con pericarditis aguda evolucionó rápidamente hacia un cuadro de taponamiento cardíaco, lo que permitió descubrir un angiosarcoma cardíaco, una neoplasia rara, de difícil diagnóstico y con desenlace fatal en pocos meses.

Un hombre de 42 años consultó por un cuadro de tres semanas de dolor torácico acompañado de disnea. A su ingreso, se encontraba en buenas condiciones generales, con signos vitales dentro de parámetros normales. La auscultación cardíaca solo evidenció un leve roce pericárdico, mientras que el examen pulmonar no mostró alteraciones.
Los estudios iniciales no sugerían una patología grave. Los análisis de laboratorio revelaron una hemoglobina discretamente disminuida, con recuentos de leucocitos y plaquetas normales, así como función renal, hepática y pruebas de coagulación sin alteraciones. La radiografía de tórax mostró una leve cardiomegalia, y el electrocardiograma evidenció ritmo sinusal sin cambios isquémicos.
Sin embargo, la ecocardiografía transtorácica detectó un derrame pericárdico voluminoso con función ventricular conservada. Ante este hallazgo, se realizó una pericardiocentesis, extrayendo aproximadamente 1500 cc de líquido hemorrágico.
El análisis citológico no mostró células malignas, por lo que se estableció el diagnóstico de pericarditis aguda de probable origen viral. El paciente fue dado de alta en buenas condiciones, con seguimiento ambulatorio.
Un mes después, el paciente regresó al servicio de urgencias con un cuadro clínico mucho más grave. Presentaba dolor torácico intenso, disnea de rápida progresión, hipotensión y taquicardia. La evaluación ecocardiográfica confirmó la recurrencia del derrame pericárdico, esta vez complicado con taponamiento cardíaco.
Se realizó una nueva pericardiocentesis de emergencia, aunque solo se logró aspirar una pequeña cantidad de líquido hemorrágico. Debido a la gravedad del cuadro, el paciente fue remitido de inmediato al servicio de cirugía cardiovascular para manejo quirúrgico urgente.
Durante la intervención quirúrgica, mediante esternotomía mediana y pericardiotomía, se evidenció un hallazgo crítico: un tejido tumoral que comprometía la superficie de la aurícula derecha y gran parte del pericardio. Se procedió a la resección parcial de la masa.
El estudio histopatológico confirmó el diagnóstico de angiosarcoma moderadamente diferenciado. La neoplasia mostraba una arquitectura heterogénea, con áreas de alta y baja celularidad, presencia de estroma colagénico denso y zonas mixoides.
En algunas regiones se observaban estructuras vasculares irregulares revestidas por células tumorales atípicas, mientras que en otras predominaban espacios vasculares más amplios y desorganizados.
El análisis inmunohistoquímico fue determinante, evidenciando positividad para marcadores endoteliales como CD31, CD34 y factor Von Willebrand, además de un índice proliferativo elevado cercano al 60%, lo que confirmaba la naturaleza agresiva del tumor.
Tras la cirugía, el paciente fue trasladado a medicina interna en condiciones hemodinámicas estables. Estudios posteriores, incluyendo resonancia magnética cardíaca, revelaron una masa de gran tamaño que se extendía desde la aurícula derecha hacia el mediastino, comprometiendo estructuras vasculares cercanas. A pesar de la extensión local, los estudios iniciales no evidenciaron metástasis a distancia.
Se inició tratamiento quimioterapéutico con epirubicina, ifosfamida y uromitexán, logrando inicialmente una respuesta parcial. El paciente toleró adecuadamente los primeros ciclos de tratamiento.
Sin embargo, evaluaciones posteriores demostraron progresión local del tumor y aparición de metástasis pulmonares, evidenciando el comportamiento altamente agresivo de la enfermedad.
A pesar del manejo multidisciplinario, la evolución fue desfavorable. El paciente desarrolló insuficiencia respiratoria aguda y falleció tres meses después del diagnóstico definitivo.
Este caso según L. Antonuzzo, et al., ilustra cómo los tumores cardíacos malignos, aunque extremadamente raros, pueden presentarse inicialmente con manifestaciones clínicas inespecíficas que simulan patologías benignas como la pericarditis. La recurrencia del derrame pericárdico, especialmente cuando es hemorrágico, debe alertar sobre la posibilidad de una etiología neoplásica, incluso cuando los estudios iniciales sean negativos.
El angiosarcoma cardíaco continúa siendo una de las neoplasias más agresivas y de peor pronóstico en la práctica clínica, lo que resalta la importancia de un diagnóstico temprano y un alto índice de sospecha ante presentaciones atípicas.