Infecciones por rasguño de gato y micobacterias pueden simular cáncer y requerir años de tratamiento

La doctora Kathia Cruz, infectóloga, presentó dos casos clínicos en la Convención de la Sociedad de Enfermedades Infecciosas de Puerto Rico que ilustran cómo infecciones poco conocidas pueden confundirse con enfermedades oncológicas y prolongar el diagnóstico durante meses.

Laura Guio

    Infecciones por rasguño de gato y micobacterias pueden simular cáncer y requerir años de tratamiento

    La enfermedad por arañazo de gato, conocida en inglés como cat scratch disease, es causada por una bacteria que se aloja en las pezuñas de los felinos. Según explicó la doctora Cruz, el problema comienza cuando el animal araña profundamente la piel y la bacteria ingresa al tejido, desde donde puede diseminarse a través del sistema linfático.

     "La bacteria se distribuye, se distribuye. El rasguño se sana de lo más bien, si no crea una celulitis asociada, pero sí le puede pasar que la bacteria este se distribuya", señaló la especialista.

    La manifestación más característica es una inflamación dolorosa de los ganglios linfáticos, usualmente en la zona de las axilas, aunque la doctora Cruz advirtió que la enfermedad puede alcanzar otros órganos, incluidos los pulmones. Allí, la infección genera granulomas que en imágenes médicas pueden confundirse con tumores. "Puede parecer un linfoma y puede parecer, en caso de pulmón, cáncer de pulmón", afirmó.

    Esa confusión diagnóstica fue precisamente lo que ocurrió con el paciente que presentó en la convención. "Ya le habían hecho biopsias y no daban con que no tenía que fueran como de un linfoma. Y no es hasta que nos consultan a nosotros que le preguntamos: '¿Estuviste con algún gato?'", relató Cruz. El paciente confirmó que había tenido contacto con un gato una semana antes del inicio de los síntomas, y los títulos serológicos resultaron notoriamente elevados, confirmando el diagnóstico.

    Cualquier gato puede ser el origen, no solo los callejeros

    Un punto que la especialista quiso aclarar es que la infección no es exclusiva del contacto con animales de la calle. Si bien reconoció que esperaría mayor riesgo con gatos callejeros, precisó que "se ha reportado también en gato de la persona casero", lo que implica que ningún dueño de mascota está completamente exento.

    El tratamiento, una vez establecido el diagnóstico, es relativamente sencillo. "Se trata con un antibiótico unos 7 días realmente y se resuelve rápidamente", indicó Cruz. El estándar es la azitromicina, aunque en el caso que presentó se utilizó trimetoprim-sulfametoxazol —conocido como TMP-SMX— con buenos resultados, lo que lo posiciona como una alternativa válida ante contraindicaciones.

    Micobacterias atípicas: el reto de las bacterias que viven en el agua

    El segundo caso presentado por la doctora Cruz involucra un tipo de bacteria menos conocida por el público general: las micobacterias no tuberculosas, también llamadas atípicas. Estas bacterias, presentes en el ambiente y en el agua, son parientes lejanas del bacilo de la tuberculosis pero con un comportamiento clínico y terapéutico muy diferente. "La población probablemente, la que no esté relacionada a la medicina, sabe probablemente ni que existen", reconoció la infectóloga.

    El paciente que Cruz atendió desarrolló una infección grave en los pies, favorecida por el daño previo en su piel a causa de linfedema crónico. "El linfedema tiene entradas, puertas de entrada. Del agua es más común", explicó, aludiendo a cómo la bacteria pudo ingresar al organismo a través de la piel comprometida.

    Dos años de antibióticos y una amputación que se evitó

    El tratamiento de las micobacterias atípicas representa uno de los mayores desafíos en infectología. Son resistentes a muchos antibióticos convencionales, difíciles de diagnosticar y requieren terapias prolongadas. En el caso del pulmón, Cruz describió que el conteo del tiempo de tratamiento no comienza hasta que los cultivos resultan negativos, y a partir de ese punto se extiende por un año adicional.

    En el caso de su paciente con infección en los pies, el proceso ha tomado dos años. "Llevábamos dos años con el paciente en antibiótico y ha sido una respuesta favorable, pero lenta", señaló. La gravedad de la infección fue tal que en algún momento se consideró la amputación de la extremidad. "Al principio se había considerado y acariciado la posibilidad de amputación. El paciente dijo que no", contó Cruz, y agregó: "Nos mantuvimos ahí, lo ayudamos y vamos por el camino. Logramos salvar la extremidad."

    Entre los factores de riesgo que mencionó la especialista para este tipo de infecciones figuran la edad avanzada, la diabetes y las enfermedades pulmonares de base, aunque subrayó que la exposición ambiental puede afectar a cualquier persona.


    Más noticias de Infectología