"El autismo no es solo un trastorno mental: Es una condición bioquímica que podemos tratar"

Experta defiende un cambio de paradigma en el abordaje del trastorno del espectro autista: abandonar el enfoque exclusivamente conductual para incorporar la bioquímica, la genética y la conexión intestino-cerebro como ejes terapéuticos.

Laura Guio

    El autismo no es solo un trastorno mental: Es una condición bioquímica que podemos tratar

    En el marco del inicio del Mes y el Día de Concientización sobre el Autismo, la revista Medicina y Salud Pública entrevistó en exclusiva a la Dra. Carmen Báez-Franceschi, pediatra con diecisiete años de experiencia en el tratamiento del trastorno del espectro autista (TEA) desde un enfoque integrativo.

     La especialista ofreció una visión que busca trascender el diagnóstico conductual para abordar las raíces metabólicas e inflamatorias de la condición.

    Las primeras señales: más allá del retraso en el habla

    Según la doctora, los signos más visibles que los padres suelen identificar son el retraso en el habla, los movimientos estereotipados y las dificultades de socialización. Pero advierte que estos marcadores deben interpretarse dentro de un cuadro clínico mucho más amplio.

    "Tenemos que empezar a verlo como un trastorno médico que tiene unas implicaciones en el sistema bioquímico de una persona, que nos dan la capacidad de usar unos laboratorios como guía para empezar a usar tratamientos nuevos."

    La especialista señala que en el 95 % de sus pacientes existe un historial previo al diagnóstico de TEA marcado por reflujo, vómitos, estreñimiento, infecciones de oídos recurrentes y erupciones cutáneas desde la primera infancia, lo que vincula directamente con la teoría de la neuroinflamación.

    La conexión intestino-cerebro como eje terapéutico

    Uno de los pilares del método de la Dra. Báez-Franceschi es la relación entre el sistema gastrointestinal y el desarrollo neurológico. Explica que la disbiosis intestinal genera una inflamación que no aparece en endoscopías convencionales ni en laboratorios estándar, pero que deriva en el fenómeno conocido como "intestino permeable". 

    Esto permite que sustancias no deseadas lleguen al torrente sanguíneo y afecten la producción de neurotransmisores, la absorción de nutrientes y la respuesta inmunológica.

    "Entre más aprendemos de cómo tratar el autismo, nos damos cuenta que podemos tener ayudas de la epigenética. Las mutaciones que se están viendo en las pruebas de laboratorio nos apuntan a un diagnóstico que tiene que ver con unos problemas bioquímicos que afectan neurotransmisores."

    Detección temprana: antes incluso del nacimiento

    La especialista aboga por un modelo de intervención que puede comenzar antes de la concepción misma. A través de pruebas genéticas que detectan mutaciones asociadas al sistema de metilación y a la inflamación neurológica, trabaja con madres de niños con TEA para reducir el riesgo en futuros embarazos. Reporta haber logrado que esos niños nazcan sin ningún síndrome.

    Con respecto a sus resultados clínicos, la doctora afirma que en niños de tres a cinco años su Método Franceschi —que combina estabilización metabólica, tratamiento del intestino permeable y estimulación de áreas cerebrales específicas— logra que más del 85 % de los pacientes comiencen a hablar antes de los seis meses de tratamiento.

    "Yo logro estabilizar ese sistema metabólico y después uso tecnologías. Logro que sobre el ochenta y cinco por ciento de mis niños de tres a cinco años estén hablando antes de seis meses."

    El rol fundamental de los padres

    Para la Dra. Báez-Franceschi, los padres no son observadores pasivos, sino el pilar central del proceso terapéutico. Los describe como "mis mejores ayudantes" y subraya que el seguimiento riguroso de las recomendaciones alimentarias determina en gran medida la velocidad de los resultados.

    "Entre más yo oigo a mis pacientes y a sus padres, mejor resultado tengo. El padre se convierte en mi mayor evaluador, en mi mayor ayudante."

    Un mensaje de esperanza en el Día Mundial del Autismo

    Al cierre de la entrevista, la doctora dirigió sus palabras directamente a los padres que atraviesan la incertidumbre del diagnóstico. "Usen su instinto, no se dejen frustrar con el diagnóstico, no pierdan la fe", instó. Destacó que incluso pacientes adultos de veinte o treinta años han logrado progresos significativos, y alertó sobre los riesgos de recurrir a terapias sin respaldo profesional.

    "No importa la edad. Yo tengo pacientes de veinte, treinta años que hemos logrado que progresen al punto que los no verbales están empezando a decir palabras. Y esto no son en años de trabajo. Es en meses."

    La doctora se encuentra en la etapa final de publicación de un estudio retrospectivo con 101 casos que documenta la eficacia de este enfoque integrativo, con el que espera contribuir a transformar el abordaje del TEA a nivel global.

    "El diagnóstico de autismo no es un diagnóstico terminal. Es un diagnóstico."




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