Experto advierte que más de un millón de personas en la isla viven con esta condición, cuya causa principal son anticuerpos que atacan la glándula tiroidea.

En el marco de la Convención Anual de la Academia Médica del Sur, el doctor Luis Hernández Vázquez abrió la conversación con una cifra que detiene: el hipotiroidismo o tiroiditis de Hashimoto afecta aproximadamente al 25 % de la población puertorriqueña. Traducido en personas, eso equivale a más de un millón de habitantes que conviven —muchas veces sin saberlo— con una glándula tiroidea que no produce suficientes hormonas.
"El hipotiroidismo, lamentablemente, se encuentra en alrededor de un 25 % de prevalencia en nuestra población en Puerto Rico. Estamos hablando de más de un millón de habitantes.
"La causa más frecuente de esta condición no es la falta de yodo —que en la isla se suple adecuadamente a través de la sal yodada y otros productos—, sino un proceso autoinmune. El organismo produce anticuerpos, específicamente antitiroglobulinas y antitiroperoxidasas, que atacan la propia glándula e impiden la síntesis de las hormonas T4 y T3. Según el especialista, este mecanismo da cuenta del 80 % de los casos de hipotiroidismo en el país.
Hernández Vázquez insiste en que el punto de partida del diagnóstico nunca debe ser el resultado de laboratorio, sino la historia clínica del paciente.
Un aumento de peso de alrededor de 10 libras en un mes, fatiga persistente y mialgias son señales clásicas de hipotiroidismo. En el extremo opuesto, una pérdida de peso similar acompañada de temblores, palpitaciones y taquicardia orienta hacia el hipertiroidismo. Reconocer esta diferencia es esencial para no errar el diagnóstico ni exponer al paciente a un tratamiento innecesario.
Una vez identificada la sospecha clínica, el paso siguiente es medir la hormona estimulante de la tiroides (TSH) y correlacionarla con el T4 libre. Aquí el médico destacó la elegancia del sistema de autorregulación hormonal del cuerpo humano.
"Nuestro mecanismo es un organismo maravilloso que se autorregula. La pituitaria produce TSH para estimular al tiroides a producir T4, y tiene receptores del T4 que promueven una homeostasis, un balance perfecto hormonal en nuestros pacientes."
Bajo esa lógica, si la glándula tiroides recibe un insulto y disminuye la producción de T4, la pituitaria responderá elevando el TSH para compensar. Si, por el contrario, el daño ocurre en la pituitaria, tanto el TSH como el T4 caerán simultáneamente. El nivel donde ocurre el problema determina qué tipo de hipotiroidismo está cursando el paciente.
Uno de los puntos más delicados que abordó el especialista fue la decisión terapéutica en pacientes con hipotiroidismo subclínico: aquellos que presentan un TSH elevado pero un T4 libre todavía normal. En estos casos, la presencia de anticuerpos en sangre se convierte en un factor determinante.
"La presencia de anticuerpos nos aumenta hasta en ocho veces el riesgo de hipotiroidismo en esta población, por lo cual, en esos hipotiroidismos subclínicos con TSH alto pero T4 normal, nos ayuda a determinar que quizás sean pacientes que debemos tratar si comienzan a presentar síntomas."
Para estos pacientes, el protocolo recomendado es el monitoreo periódico del TSH y el T4 libre cada cuatro a seis meses. Sin embargo, Hernández Vázquez aclaró que no es necesario repetir la medición de anticuerpos: una vez que aparecen en sangre, permanecen de por vida. Realizar ese seguimiento solo generaría ansiedad innecesaria en el paciente sin aportar información clínica adicional.
Al cierre de la entrevista, el médico reconoció que hoy por hoy no existe ningún tratamiento capaz de eliminar los anticuerpos responsables de la tiroiditis de Hashimoto. El manejo sigue siendo hormonal: reponer lo que la glándula no puede producir. Pero dejó abierta una puerta al optimismo.
"Esperemos que algún día, con el favor de Dios, aparezcan algunos tratamientos para estos anticuerpos y podamos, antes de que yo me retire, curar la condición del hipotiroidismo."
La investigación en enfermedades autoinmunes avanza globalmente, y el interés por encontrar terapias modificadoras de la enfermedad en condiciones como el hipotiroidismo de Hashimoto crece en la comunidad científica. Mientras tanto, la detección temprana, el seguimiento disciplinado y la educación del paciente siguen siendo las herramientas más poderosas disponibles.