"Hay pacientes que se quedan en el corazón": la mirada humana de la pediatra

La vocación médica puede nacer de la curiosidad científica y transformarse en compromiso con la vida. La especialista destaca que acompañar a niños con condiciones complejas y a sus padres, deja una huella que recuerda constantemente el sentido humano de la medicina

Katherine Ardila

    "Hay pacientes que se quedan en el corazón": la mirada humana de la pediatra

    Detrás de cada médico hay una historia que explica por qué eligió dedicar su vida al cuidado de los demás. En el caso de la doctora Daisy Quirós, su vocación surgió de un hallazgo científico que despertó en ella una pasión que la llevaría a transformar su futuro y el de incontables niños y familias.

    El origen de una vocación: de la química a la medicina

    Cuando se le pregunta cómo anunció su vocación por la medicina y en qué momento decidió especializarse en pediatría, la doctora sonríe y recuerda: "Es curioso que yo quería ingeniería química y farmacéutica y llegó un momento de mi vida que salió un medicamento que todavía permanece hoy para cáncer de mama, cuando comenzaron las quimioterapias y presenté un proyecto en una feria científica y me enamoré de la medicina y así decidí estudiar medicina", relata.

    Ahora bien, la pasión por la pediatría llegaría más tarde, durante su formación. "La pasión por la pediatría surge luego de que me gustaran todas las ramas, yo quería ser todo, uróloga, gastroenteróloga, quería ser obstetra, quería ser todo y cuando me tocó la rotación de pediatría fue un poquito triste porque vi muchos niños morir, porque obviamente era otro tiempo, era en el 90, entonces sentía que mi posición y mi pasión tenían que estar dirigidas a la pediatría, yo tenía que ayudarlos", confiesa.

    Formación y mentores que marcan el camino

    Su trayectoria académica la llevó a formarse en el extranjero. "Yo soy pediatra general, estudié en Miami Children's tres años, hoy el nombre ha cambiado y luego fui aceptada en un clinical fellowship de gastroenterología pediátrica y nutrición un año clínico", explica.

    Detrás de esa especialización, hubo personas que dejaron una huella imborrable. "Me motivó que durante la residencia de pediatría, mis mentores, el doctor González y el doctor García, entre otros, en Miami, eran excelentes y su ímpetu y las condiciones que vi allí me emocionaron muchísimo", recuerda con gratitud.

    Y reflexiona sobre el papel fundamental de quienes guían a los futuros médicos: "un maestro es quien dirige a un joven a ser alguien, porque uno se enamora de la profesión de esa manera".

    Los pacientes que dejan huella

    A lo largo de su carrera, la doctora Quirós ha visto incontables historias, pero algunas se quedan grabadas en el corazón para siempre. "Sí, y no es uno, son muchos, porque hay muchos pacientes que impactan a una de diferentes formas, desde los niños que son de escasos recursos, los niños que carecen de cariño y llegan a tu oficina a abrazarte, a besarte y no se quieren ir de la oficina, se agarran a ti", describe con ternura.

    Y continúa: "Hasta los niños que tienen condiciones tan complicadas, que tienen unos padres que sufren, que es difícil para ellos porque pierden hasta su autonomía. Y niños que lamentablemente no hay más que hacer por ellos, que cada día son menos, gracias a Dios, porque la innovación en medicina es muy importante".

    El costo emocional de la profesión

    Esta realidad impacta también a los profesionales de la salud. "Esto te duele en el alma, en muchas de las situaciones, y tú a veces crees que eres un salvador y no lo eres. Pero tratamos siempre de hacerlo, yo creo que eso le pasa a todos los médicos, que uno estudia esto por el humanismo", confiesa.

    Sin embargo, también hay recompensas que llenan el alma. "Hay unos que simplemente te llegan al corazón, sientes que son tus nietos los niños que te trajeron, porque los amas a ellos y amas a sus hijos igual", expresa con emoción.

    Madre y profesional: un equilibrio posible

    La especialista también comparte su experiencia como madre que ejerce la medicina, una realidad que implica retos adicionales. "Cuando tenía a mis dos hijas pequeñas, era sumamente difícil, tenía una red de apoyo increíble, mis padres, mis hermanas, mis hermanos, mis amigas íntimas. Todo el mundo me servía de red de apoyo. Inclusive tenía que pasar visita con las niñas muchas veces en el hospital", recuerda.

    Reconoce que la maternidad añade una capa de complejidad a la vida profesional. "Ser madre y profesional es bien duro. O sea que nosotros tenemos mucho más complejidad en el asunto de manejar una profesión y ser mamá", afirma.

    Pero el orgullo por sus hijas es evidente. "Hoy día tengo una hija dermatóloga y una hija farmacéutica clínica que me llenan de orgullo ambas. Así que lo logré de algún modo, no sé cómo, y gracias a todo el apoyo que tuve, porque sola no hubiera podido", dice con satisfacción.

    Un mensaje de esperanza y orientación

    Para cerrar, la doctora aseguró. "Buscando un proveedor de salud, un médico y un sistema multidisciplinario de apoyo, nutricionistas, psicólogos, psiquiatras, terapeutas, todo se puede".

    "Hay muchas asociaciones y fundaciones que también nos brindan apoyo, tienen que conocerlas", concluye.

    Sus palabras reflejan la esencia del humanismo médico, una vocación que va más allá de la ciencia, que abraza, duele, lucha y nunca deja de buscar la mejor manera de servir a quienes más lo necesitan.



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