Disbiosis intestinal: El trastorno que podría estar detrás del acné, obesidad y enfermedades del corazón

Expertos advirtieron que el equilibrio bacteriano del intestino influye sobre la salud mental, cardiovascular, hormonal e inmune, y posicionaron a los probióticos con respaldo clínico como herramienta terapéutica diferenciada.

Laura Guio

    Disbiosis intestinal: El trastorno que podría estar detrás del acné, obesidad y enfermedades del corazón

    En el marco del Gut Summit Enterogermina, cuatro especialistas en gastroenterología y microbiología clínica coincidieron en señalar que la microbiota intestinal ya no puede considerarse únicamente un asunto digestivo. Su influencia sobre sistemas tan distintos como el cerebro, el corazón o la piel la convierte, según los expertos, en el área de investigación más dinámica de la medicina contemporánea.


    Un órgano invisible que gobierna la salud

    La microbiota intestinal no solo procesa las fibras alimentarias que el cuerpo humano no puede digerir por sí mismo. También produce la gran mayoría de los neurotransmisores que regulan el estado de ánimo y participa en procesos hormonales, cardiovasculares e inmunitarios. "La microbiota intestinal produce el 90% de los neurotransmisores, que son sustancias con las cuales se comunican las neuronas y tienen que ver con nuestro estado de ánimo... tiene incidencia en toda nuestra salud en general. La microbiota intestinal es el área de investigación más importante actualmente de la medicina", señaló la Dra. Juliana Suárez.

    La especialista detalló además que la microbiota se comunica con diferentes partes del organismo a través de vías que hace una década se contaban por miles y que hoy podrían llegar a millones, en lo que los investigadores denominan el eje cerebro-intestino-microbiota. Cabe resaltar que la microbiota es completamente diferente en cada persona, e incluso varía en una misma persona en distintas etapas de su vida, según el Dr. Rezvani.

    La disbiosis: Cuando el equilibrio se rompe

    La alteración del equilibrio bacteriano intestinal —llamada disbiosis— se manifiesta de formas diversas. Los síntomas digestivos más reconocibles incluyen gases, diarrea, estreñimiento y distensión abdominal, así como síndrome de intestino irritable. Sin embargo, la disbiosis también aparece asociada a condiciones como la obesidad, la resistencia a la insulina, el acné, la rosácea, la enfermedad coronaria, las alergias, las enfermedades autoinmunes y el cáncer. Incluso la aparición de enfermedades como el alzhéimer puede estar relacionada con la disbiosis, aunque también intervienen factores epigenéticos. El Dr. Rezvani advirtió que cuando estas enfermedades comienzan a mostrar síntomas, en la mayoría de los casos recuperar el balance microbiano ya no es suficiente para revertir el daño.

    Para diagnosticar una disbiosis, más allá de estudios de laboratorio —que tienen un alto riesgo de ser imprecisos—, el Dr. Stefanolo subrayó que lo más importante es realizar un interrogatorio detallado y un examen físico que permita comprender la sintomatología del paciente y llegar a un diagnóstico acertado.

    Dosis, evidencia y la diferencia entre suplemento y medicamento

    Uno de los puntos más relevantes del encuentro fue la discusión sobre la dosificación de probióticos. "Personalmente, es importante cuando vamos a prescribir un probiótico y vamos a dar la dosis: necesitamos la evidencia final. Frente a la pregunta de qué dosis, la respuesta es hay que ir a buscar la evidencia que está publicada", explicó el Dr. Juan Pablo Estefanolo. No existe una dosis estandarizada para todos los probióticos, por lo que la prescripción siempre debe estar respaldada por evidencia científica.

    El Bacillus Clausii, presente en Enterogermina, es una cepa probiótica estudiada que ha demostrado conferir propiedades benéficas al huésped, con utilidad especialmente en el manejo de enfermedades digestivas, diarrea y los efectos adversos del tratamiento con antibióticos contra el Helicobacter Pylori. En el caso de Enterogermina, existen presentaciones de 2, 4 y 6 billones de esporas, y la duración del tratamiento varía según la indicación: de cinco a siete días en diarreas agudas, hasta cuatro, seis u ocho semanas en procesos más complejos.

    La distinción entre probióticos con categoría de medicamento y los que solo constituyen suplementos fue otro eje central del debate. Según la Dra. Suárez, mucho de lo que hay en el mercado son únicamente suplementos sin evidencia científica ni ensayos clínicos controlados en humanos. Un probiótico como Enterogermina, en cambio, sí está en la categoría de medicamento y cuenta con estudios que demuestran su eficacia para tratar enfermedades. Es igualmente importante diferenciar un medicamento probiótico de bebidas con cepas probióticas como el yogur o el kéfir, que además, cuando son preparados en casa, conllevan un alto riesgo de contaminación.

    Hábitos, estilo de vida y el modelo de los centenarios

    El Dr. Alejandro Concha, gastroenterólogo de la Clínica del Country, fue enfático en desmitificar algunas tendencias de salud y redirigir la atención hacia hábitos fundamentales. Advirtió sobre el consumo de jugos y dietas de limpieza, señalando que no tienen el respaldo que se les atribuye, y que la verdadera base de la salud intestinal está en pilares mucho más simples: mantener un peso adecuado, evitar comidas procesadas, preferir la fruta entera, hidratarse bien, hacer ejercicio y evitar el tabaco y el alcohol.

    Un modelo inspirador lo ofrece una comunidad centenaria en Costa Rica cuya longevidad se atribuye a una alimentación basada en granos, alimentos no procesados y vegetales, bajos niveles de estrés, actividad física desde temprano, descanso oportuno y una fuerte vida comunitaria, según destacó el Dr. Rezvani.

    Por su parte, el Dr. Juan Pablo también destacó la importancia del manejo del estrés como factor determinante en la salud digestiva y general. Señaló que el ritmo de vida actual genera una carga crónica que afecta directamente al intestino, y recomendó herramientas concretas como el mindfulness, el yoga, la actividad física y las terapias cognitivas para contrarrestarla.


    Más noticias de Gastroenterología