El Dr. Wilfredo Cosme, presidente de la APMA y especialista en alergias e inmunología, rompe con el mito del médico invulnerable: habla de su propia salud mental, del balance familiar y de por qué trata a cada paciente como si fuera de su familia.

Cuando el Dr. Wilfredo Cosme habla de sus pacientes, no lo hace desde la distancia clínica que suele asociarse con la figura médica. Lo hace con la familiaridad de quien sabe, por experiencia propia, lo que significa necesitar ayuda. Hijo de un enfermero y una tecnóloga médica de clase media, presidente de la APMA y especialista en alergias e inmunología, el Dr. Cosme encarna una medicina que pone al ser humano antes que al diagnóstico.
En una conversación exclusiva de la revista Medicina y Salud Pública, el Dr. Cosme cuenta su historia, sus motivaciones y qué hay detrás de su bata blanca.
El doctor no llega a la medicina por azar ni por privilegio. Creció viendo a sus padres trabajar duro en el sector salud, y esa imagen dejó huella. Su formación no fue solo académica; fue también moral.
"Desde pequeño vengo de una clase media, mi papá enfermero, mi mamá es tecnóloga médica. Ambos trabajaron duro para que yo pudiese tener la mejor educación. Y el apoyo de ellos en decir, esto es una carrera bastante larga, sacrificada, y el decir, vamos a estar contigo hasta que tú decidas terminar, pues definitivamente es un apoyo súper, súper grande."
Ese ejemplo familiar no quedó guardado en la memoria. Hoy lo aplica cada vez que entra a su consulta: "El tratarlos con empatía. La vida da muchas vueltas, muchas veces estamos arriba, otras abajo. Hay que tratarlos como si fueran nuestra familia, nuestros seres queridos."
La carrera médica suele presentarse como una entrega total. El Dr. Cosme no lo niega, pero sí lo matiza. Aprendió por las malas que el compromiso profesional y la presencia familiar no son excluyentes, aunque lograrlo requiera esfuerzo consciente y cotidiano.
"Cuando empecé medicina, uno se cree que es un superhéroe. Muchos de los pacientes nos ven así, pero la realidad es que tenemos que tener en consideración que nuestra familia también nos necesita. Para mí, que ellos vean que yo estoy presente, que se acuerden de esos eventos importantes que yo estuve con ellos, pues para mí es muy importante," explica el Dr. Wilfredo.
Entre las presiones económicas de los primeros años —préstamos estudiantiles, gastos de vida— y la vocación de servicio, Cosme confiesa que tuvo que aprender a priorizar. "Uno se da cuenta de que tiene que aprender también de las cosas que son importantes de la vida, y la familia es uno de ellos."
Quizás el gesto más revelador del doctor es su disposición a hablar abiertamente de su propia vulnerabilidad emocional.
En una profesión donde el estigma de la salud mental sigue siendo un obstáculo, el Dr. Cosme toma la posición opuesta: la transparencia como herramienta terapéutica.
"Yo he tenido que buscar ayuda a otros profesionales como son psicólogos o psiquiatras porque necesito estar bien. Y yo soy bien abierto con mis pacientes cuando hablo de esto para que me vean que yo soy igual de vulnerable como ellos y que soy humano. Para poder brindarle el mejor servicio para ellos, yo tengo que estar bien."
Esta honestidad no es casual: como alergista, ve a diario cómo la ansiedad y el estrés exacerban las condiciones físicas. Para él, dar el consejo y ser el ejemplo son parte del mismo acto médico.
Lejos del consultorio, el Dr. Cosme busca paisajes. Fue durante la escuela de medicina cuando descubrió que la fotografía de naturaleza y las caminatas por el río del bosque Toronegro le devolvían algo que el trabajo consumía.
Hoy, con una familia en crecimiento, los momentos de recarga son más modestos, pero igualmente necesarios. "Con dos niños chiquitos también trato de dormir, tratar de buscar oportunidades para descansar y dormir," dice con una sonrisa
Si sus pacientes pudieran verlo fuera de la bata blanca, ¿qué encontrarían? Alguien que trabaja cada día para no perderse lo esencial en medio de la rutina.
"Yo me considero alguien que trato de disfrutar el día a día, y a veces se nos olvida en el rush que tenemos. Alguien que siempre busca cómo disfrutar las cosas pequeñas de la vida, que nos den satisfacción, que al final pues eso es lo que nos va a llenar a nosotros."
Una filosofía sencilla, construida desde la consulta y la experiencia personal, que el Dr. Cosme lleva con la misma convicción con la que trata a cada uno de sus pacientes: como si fueran de su familia.