Un nuevo estudio revela que el consumo elevado de este tipo de alimentos afecta tanto la fertilidad masculina como el crecimiento del embrión en sus primeras semanas de gestación.

Un equipo de científicos del Centro Médico de la Universidad Erasmus, en Róterdam, publicó este martes en la revista Human Reproduction los resultados de un estudio que vincula el consumo frecuente de alimentos ultraprocesados con consecuencias negativas para la reproducción humana. El análisis incluyó a 831 mujeres y 651 de sus parejas masculinas, seguidas desde antes de la concepción hasta la infancia de sus hijos, entre 2017 y 2021.
La investigación evaluó la dieta de los participantes mediante cuestionarios aplicados alrededor de la semana 12 de embarazo. En promedio, los ultraprocesados representaban el 22 % de la ingesta diaria total en las mujeres y el 25 % en los hombres.
Uno de los hallazgos más destacados del estudio apunta directamente a los hombres: quienes consumían mayores cantidades de ultraprocesados presentaban un riesgo más elevado de subfertilidad —definida como un tiempo de más de 12 meses para lograr el embarazo o la necesidad de recurrir a técnicas de reproducción asistida— y tardaban más tiempo en concebir.
Según la investigadora Celine Lin, primera autora del estudio, esto podría explicarse por "la sensibilidad del esperma a la composición de la dieta". Un dato que cobra especial relevancia en un contexto en el que la salud masculina preconcepcional ha sido históricamente ignorada.
En el caso de las mujeres, el consumo elevado de ultraprocesados no se asoció de manera consistente con dificultades para quedar embarazadas, pero sí con un crecimiento embrionario más lento y sacos vitelinos de menor tamaño durante la séptima semana de gestación, medidos mediante ecografía transvaginal.
Aunque las diferencias detectadas son pequeñas, los autores subrayan su importancia: un crecimiento embrionario más lento en el primer trimestre se ha relacionado en otros estudios con mayor riesgo de parto prematuro, bajo peso al nacer y problemas cardiovasculares en la infancia. Un desarrollo alterado del saco vitelino, por su parte, eleva el riesgo de aborto espontáneo.
Los propios autores advierten que, al tratarse de un estudio observacional, los resultados muestran asociaciones estadísticas pero no permiten establecer relaciones de causalidad directa. Romy Gaillard, pediatra y profesora asociada de epidemiología que lideró la investigación, subrayó que "se necesita más investigación para replicar estos hallazgos en poblaciones diversas y estudiar los posibles mecanismos biológicos".
El equipo tiene previsto explorar si los efectos observados se deben al bajo valor nutricional de estos productos, a su contenido en aditivos o a la exposición a microplásticos.
La conclusión del estudio es clara en cuanto a su alcance social: reducir el consumo de ultraprocesados, especialmente en el periodo previo a la concepción y durante el embarazo, beneficia tanto a la madre como al padre, y potencialmente al bebé en desarrollo. "Debemos alejarnos de la idea de que solo la salud de las futuras madres es importante para los resultados del embarazo", señaló Gaillard.
En algunos países de ingresos altos, los ultraprocesados ya representan entre el 50 y el 60 % de la alimentación diaria, una tendencia que este estudio invita a reconsiderar con urgencia.