La American Lung Association advierte que muchos factores presentes dentro y fuera de los entornos escolares pueden desencadenar crisis asmáticas. La clave, asegura la Dra Wanda Rodríguez Donham, es identificar los riesgos específicos de cada comunidad educativa y adaptar las medidas de prevención.

El manejo del asma en las escuelas va mucho más allá de evitar el humo del cigarrillo. Factores como la ubicación del plantel, el tráfico vehicular cercano, el polvo de construcciones, los productos de limpieza, las plagas, los perfumes e incluso algunos objetos cotidianos pueden influir en la calidad del aire y aumentar el riesgo de ataques asmáticos.
Así lo explicó la Dra. Wanda Rodríguez Donham, National Manager Asthma Programs de la American Lung Association, durante el encuentro de enfermeros escolares de Puerto Rico "A Todo Pulmón: Manejo del Asma Escolar", donde destacó la importancia de analizar las características particulares de cada escuela para identificar los posibles desencadenantes.
Según Rodríguez Donham, no existe una fórmula única para todas las instituciones educativas, ya que los factores de riesgo varían según el entorno donde se encuentre cada plantel.
Explicó que las escuelas ubicadas cerca de vías con alto tráfico están más expuestas a emisiones provenientes de automóviles y camiones, mientras que aquellas cercanas a zonas de construcción pueden verse afectadas por el polvo, el cemento y otras partículas suspendidas en el aire.
La especialista señaló que estos elementos no solo afectan a los estudiantes, sino también a docentes y demás trabajadores de la comunidad educativa.
Dentro de las escuelas existen múltiples factores que pueden favorecer la aparición de síntomas respiratorios.
Rodríguez Donham mencionó la acumulación de papeles, cajas y materiales almacenados, ya que estos pueden atraer plagas como ratones y cucarachas. Explicó que los excrementos, la caspa de los roedores y los restos de cucarachas pueden actuar como desencadenantes del asma en algunas personas.
También advirtió sobre la necesidad de tomar precauciones durante los procesos de fumigación, privilegiando alternativas que minimicen olores y emisiones que puedan afectar a quienes permanecen en el lugar.
La experta indicó que algunos productos de limpieza de uso frecuente pueden generar irritación respiratoria.
Como alternativa, mencionó opciones como el bicarbonato de sodio, el vinagre blanco y el jugo de limón, que pueden emplearse para ciertas labores de limpieza sin producir olores intensos.
Asimismo, alertó sobre el uso de perfumes, ambientadores y velas aromáticas, ya que algunas personas con asma pueden experimentar síntomas al exponerse a estas fragancias.
Las filtraciones y acumulaciones de agua también representan un riesgo.
Rodríguez Donham explicó que la humedad favorece el crecimiento de moho, un desencadenante frecuente para muchas personas con alergias y asma. Por ello recomendó secar rápidamente cualquier superficie mojada y corregir fugas de agua tan pronto como sean detectadas.
Además, destacó la importancia del mantenimiento de los sistemas de aire acondicionado y de los conductos de ventilación para evitar la acumulación de polvo.
Respecto a los purificadores de aire, señaló que pueden ser útiles siempre que no generen ozono, ya que este también puede actuar como desencadenante respiratorio.
Otro de los aspectos señalados por la especialista fue la presencia de mascotas en los salones de clase.
Explicó que el principal problema no es el pelo de los animales, sino la caspa que producen mamíferos y aves, la cual puede desencadenar reacciones en personas sensibles.
Igualmente, advirtió que alfombras, cortinas y muebles tapizados pueden acumular ácaros del polvo, por lo que recomendó mantener una limpieza frecuente y aspirar regularmente estos elementos.
Adaptar, no prohibir
Para Rodríguez Donham, la prevención del asma debe enfocarse en la adaptación de los entornos y no necesariamente en la eliminación absoluta de todos los posibles desencadenantes.
La especialista sostuvo que cada persona responde de manera diferente a los factores ambientales, por lo que las medidas deben individualizarse según las necesidades de cada comunidad escolar y de cada paciente.
"Adaptar" y "personalizar" las estrategias, afirmó, permite encontrar soluciones prácticas sin paralizar las actividades cotidianas.
Además del humo de segunda mano, la experta llamó la atención sobre el denominado humo de tercera mano, que permanece impregnado en ropa, objetos y superficies.
Como ejemplo, relató el caso de una estudiante cuya mochila conservaba olor a cigarrillo debido a la exposición constante al humo en su entorno familiar, situación que terminaba desencadenando síntomas asmáticos en el salón de clases.
También señaló que algunos productos de uso diario, como lociones, cremas o desinfectantes para manos con fragancias intensas, pueden generar molestias respiratorias en personas sensibles.
Durante la entrevista, Rodríguez Donham destacó la importancia del programa EXHALE, una estrategia impulsada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).
La especialista señaló que uno de sus pilares fundamentales es la educación, al considerar que comprender la enfermedad y sus desencadenantes es esencial para mejorar su manejo.
Asimismo, indicó que otra de las estrategias se enfoca en eliminar la exposición al humo, al vapor y a los productos relacionados con el tabaco, además de promover programas para dejar de fumar.