Especialista en conducta humana y criminología abordó la ola de casos que afectan a niños y adolescentes en la isla.

El asesinato de Rosnielys Paola Marcano Carrasquillo, una adolescente de 14 años sepultada esta semana en Loíza, volvió a encender las alarmas sobre una crisis que no da tregua.
La joven, estudiante de alto honor sin vínculos con el mundo delictivo, viajaba el Domingo de Ramos junto a su tío cuando fue asesinada.
Las autoridades sospechan que el móvil fue una venganza dirigida al tío o al padre de la menor. La comunidad, como suele ocurrir en estos casos, guarda silencio.
Para el profesor Cepeda, el caso de Rosnielys no es atípico. "Lo hemos visto varias veces y, en la mayoría de los casos, son menores, son niños, incluso a veces han sido infantes que no tienen nada que ver con la actividad delictiva, absolutamente nada", señaló.
A quienes acompañan a personas vinculadas al crimen sin ser parte de él, Cepeda distingue con precisión: "Esos no son tan inocentes", dijo en referencia a parejas adultas, "pero en el caso de menores no me cabe duda de que aplica completamente el concepto de víctima inocente."
El crimen de esta joven se suma a una seguidilla de episodios que han sacudido a la isla en los últimos meses: niños hallados en condiciones de abandono extremo, menores conviviendo con decenas de animales, infantes encontrados en entornos de insalubridad durante operativos antinarcóticos, y un brote de hospitalizaciones psiquiátricas por depresión en menores que colapsó centros de salud en San Juan el año pasado.
El especialista apuntó directamente a la raíz estructural del problema. "Mientras el discurso público de entes gubernamentales habla de cómo ellos le llaman provida y derecho a la vida, la realidad es que muchas veces esas personas que favorecen esos movimientos se refieren principalmente a los partos, pero luego no hay una política pública que fomente una calidad de vida para esos menores", afirmó Cepeda.
El porcentaje de niños viviendo en condiciones de pobreza en Puerto Rico es, según el criminólogo, "espeluzante, comparable solo con el caso de las mujeres que presiden hogares solas." En ese contexto, una madre que trabaja pero no tiene con quién dejar a sus hijos enfrenta una trampa sin salida:
"O los tiene que dejar solos en la casa y la criminalizamos, o los lleva al lugar de trabajo, pero muchos patronos no quieren y otros son lugares donde no deberían haber menores."
La crisis no se limita a los sectores más vulnerables. Cepeda advirtió que el deterioro económico golpea también a las llamadas clases medias. "Durante décadas nos vendieron el relato de que si tenías un trabajo eras clase media, pero hoy día esas supuestas clases medias están descubriendo que son en realidad trabajadores pobres, gente cuyos ingresos no da para tener un nivel de calidad de vida libre de preocupaciones", explicó. Esa presión sostenida, agregó, alimenta directamente el estrés y los problemas de salud mental que se observan en adultos y menores por igual.
El profesor identificó dos caminos posibles, aunque ninguno sencillo. El primero pasa por una decisión política real: "Que la clase política gobernante decida conscientemente, se comprometa conscientemente con poner recursos en estrategias de ayuda a este sector."
El segundo obstáculo es igualmente profundo: existe un gran grupo de la población cuya preocupación diaria es sobrevivir y que, como señaló Cepeda, "no tiene ni el tiempo ni la educación para participar en los procesos políticos que podrían cambiar su situación."
Mientras tanto, familias como la de Rosnielys entierran a sus hijas y la comunidad calla.